Ninja Gaiden es una saga con 37 años de historia que ha tenido una evolución muy interesante: desde su debut en Árcade, la icónica y dificilísima trilogía del NES, dos entregas sin conexión directa, crossovers e incluso un reinicio dirigido por el recientemente fallecido Tomonobu Itagaki. A lo largo del tiempo, la serie se ha consolidado como una pieza clave en la historia del videojuego de acción.
Este año, la franquicia regresa con fuerza con Ninja Gaiden 4, desarrollado por PlatinumGames en colaboración con Team Ninja, en un intento por reivindicar la saga tras una tercera entrega que dejó opiniones divididas. En La Vida es un Videojuego, tuve la oportunidad de jugarlo en Xbox Series S y aquí te cuento todo lo que encontré en esta nueva aventura del legendario Ninja Gaiden.

Inicia la era del Clan Cuervo
Durante estos 37 años —con excepción del título original de Árcade— el protagonista indiscutible de la saga ha sido Ryu Hayabusa, heredero del linaje Hayabusa y maestro absoluto de las artes ninjas; portador de la legendaria Espada del Dragón. Ryu evolucionó, especialmente en la última trilogía, de un guerrero movido por la venganza a un protector del equilibrio entre el mundo humano y el espiritual.
Ninja Gaiden 4 se sitúa algún tiempo después de la derrota del Dragón Oscuro, cuyo inmenso caparazón quedó enroscado alrededor de la ciudad de Tokio, ahora puesta en cuarentena por la Organización del Dragón Divino (DDO).
En esta entrega, el protagonista es Yakumo, un ninja del Clan Cuervo, rival ancestral del Clan Hayabusa. Su misión es eliminar definitivamente al Dragón Oscuro, pero para lograrlo, primero debe revivirlo. Esto lo obliga a abrirse paso por una Tokio devastada, siempre bajo el acecho de la DDO, y varios imponentes jefes, mientras enfrenta varios giros en la historia que complicarán su objetivo revelando así su verdadero destino.
Frenesí de sangre
Así comienza la aventura de Yakumo, un joven ninja formidable cuyas armas forjadas con sangre le otorgan un estilo de combate único. A lo largo de 19 niveles deberá abrirse paso por una Tokio sumida en el caos, y no les voy a mentir, aunque al principio es extraño jugar un Ninja Gaiden sin Hayabusa, la adaptación a los movimientos de Yakumo se siente natural gracias a su dinamismo.
Uno de los mayores aciertos del juego es la fluidez del control, cada enfrentamiento permite encadenar una gran variedad de combos y movimientos especiales, creando un auténtico frenesí de sangre. El ritmo es siempre frenético, pasan muchas cosas al mismo tiempo y deberás mantenerte alerta ante oleadas de variados enemigos —créeme, son muchísimos— que deberás atacar desde tierra, aire y hasta con tus armas imbuidas en sangre. También, si eres tan fan como yo de los bloqueos (parrys), estos exigen precisión y práctica, pero siempre son satisfactorios cuando los conectas.
Al inicio solo cuentas con la Takeminakata, un par de katanas ideales para cercenar enemigos sin piedad. Con el avance desbloqueas otras cuatro armas, cada una con características propias que podrás alternar entre ellas de una manera muy fácil. También contarás con armas a distancia que son diferentes tipos de shuriken, aunque su utilidad es un poco complicada ya que, en combates con enemigos aéreos y terrestres a la vez, los proyectiles suelen dirigirse al blanco más cercano, no necesariamente al que necesitas.
Cada arma también puede ejecutar la técnica «Forma de Cuervo de Sangre», en la que Yakumo genera armas a partir de la sangre propia o de sus oponentes. Esto añade variedad al combate y abre muchas posibilidades para crear combos, mezclar estilos y dominar las hordas enemigas que encontrarás en cada nivel.
Por otro lado, el juego utiliza dos tipos principales de moneda:
- NinjaCoins: obtenidas al completar capítulos, sirven para comprar habilidades o movimientos.
- Monedas de mejora de armas: marcadas con un ícono de llama roja, sirven exclusivamente para potenciar tus armas en cualquier momento del juego.
A su vez, en tu viaje encontrarás dos NPC principales que te ayudarán:
- Tyran: maestro del Clan Cuervo y mentor de Yakumo. Te enseña nuevas habilidades a cambio de NinjaCoins y te permite practicarlas en una sala de entrenamiento, algo crucial para dominar las mecánicas avanzadas y convertirte en un maestro ninja.
- Umi: amiga de la infancia de Yakumo que nunca aparece físicamente en el juego manifestándose solo mediante pantallas y terminales. Ella se encarga de las misiones secundarias y de suministrar objetos útiles para la supervivencia.
Ambos aportan información para enriquecer la historia y el lore, aunque en los niveles más avanzados dejan de ser tan indispensables y solo interactúas con ellos para conocer algunos detalles más de lo que sucede en el juego.
El Viaje a través de Tokio
Los 19 niveles de Ninja Gaiden 4 son, en esencia, lineales; sin embargo, si exploras a fondo encontrarás caminos alternos que conducen a objetos valiosos, misiones secundarias o a las puertas Torii, icónicas entradas tradicionales japonesas que dan acceso a los Desafíos del Purgatorio.
Estos desafíos representan algunas de las batallas más exigentes del juego: pruebas de resistencia en las que debes sobrevivir a oleadas de enemigos para obtener recompensas. Aquí, dominar todas tus técnicas de combate es indispensable, tienes que ser prácticamente perfecto, ya que puedes seleccionar el reto y el porcentaje total de la barra de vida con la que inicias, varía según elijas, aumentando la dificultad y por supuesto la recompensa al superarlos.
En cuanto al diseño de niveles, el juego mantiene el espíritu clásico de la saga: escenarios muy intensos y enemigos que no dan un respiro. Sin embargo, conforme avanzan las misiones, el diseño comienza a sentirse repetitivo. En especial durante el último tercio del juego, donde algunos niveles parecen añadidos únicamente para extender la historia.
Sonidos del Clan
El audio del juego solo está disponible en japonés y en inglés, con subtítulos en español. Aunque ambas opciones cumplen, la versión japonesa aporta un tono más sobrio y tradicional. Además, la voz de Ryu Hayabusa corre a cargo de Hideyuki Hori, quien interpreta al personaje desde Dead or Alive ++ de 1998.
Sin embargo, se extraña la opción de español latinoamericano, especialmente porque en medio del caos de los combates frenéticos, hay diálogos constantes que pueden perderse si no dominas el idioma original o si no lees lo suficientemente rápido los subtítulos mientras intentas sobrevivir entre hordas de enemigos.
¿Dificultad para todos?
Pasemos a un tema polémico: la dificultad. Fiel a la tradición de la saga, Ninja Gaiden 4 no hace excepciones. Incluso en su nivel normal es un juego muy exigente, donde morirás una y otra vez. La gran variedad de enemigos que atacan simultáneamente hace que distraerte un segundo pueda costarte una porción enorme de tu barra de vida. Para avanzar sin un solo rasguño, necesitarás dominar el combate casi a la perfección.
El título cuenta con tres niveles de dificultad disponibles desde el inicio: Héroe, Normal y Difícil. Al terminar la campaña se desbloquea Maestro Ninja, un modo brutal en el que uno o dos golpes pueden acabar prácticamente de inmediato con tu vida. Si eres amante de los retos extremos, aquí encontrarás un desafío digno de ti.
Además, al completarlo —en mi caso, en cerca de 15 horas— se desbloquean nuevas mecánicas y modos adicionales. Si el juego te atrapó y te quedaste con ganas de más, tendrás contenido suficiente para muchas horas adicionales, especialmente si buscas completarlo al 100%.
Una propuesta sonora que queda a deber
La banda sonora de Ninja Gaiden 4 estuvo a cargo de Masahiro Miyauchi, compositor que ha participado en proyectos como Bayonetta 3. Su trabajo aquí es variado, moviéndose entre el ambient y el metal, acompañando adecuadamente las distintas etapas del juego.
Sin embargo, carece de un sello memorable: en muchos momentos queda opacada por el caos en pantalla, haciendo que ninguna melodía se quede contigo ni logre definir a los personajes o al propio juego. No es una banda sonora mala, pero sí una que pudo haber tenido mayor protagonismo y personalidad.
No todo es lo que parece
A pesar de que Ninja Gaiden 4 es un buen juego en términos generales, debo señalar uno de sus puntos más débiles: el apartado gráfico. Este año hemos recibido auténticas joyas como Death Stranding 2: On the Beach o Ghost of Yotei, títulos que no solo brillan por su propuesta, sino que además explotan al máximo sus motores gráficos, mostrando lo que realmente puede ofrecer la generación actual, frente a ellos, Ninja Gaiden 4 queda muy atrás.
Si bien las cinemáticas lucen bien, dentro del juego abundan detalles que rompen por completo la experiencia visual: texturas de rocas, puertas, paredes y otros elementos que se presentan como manchas planas y poco trabajadas. En varias ocasiones me quedé quieto frente a estas superficies esperando que cargaran correctamente —como suele pasar en títulos de otra generación—, pero ese momento nunca llegó. El resultado es que muchos escenarios parecen ser de un juego de dos generaciones anteriores.
A esto se suma que el título es, en general, un poco oscuro y los escenarios no destacan ni visual ni artísticamente, estos parecen existir solo para cumplir una función y no para lucir.
Probé los dos modos gráficos disponibles —Calidad y Rendimiento—, y lamentablemente ninguno soluciona estos problemas. Ojalá un futuro parche pueda mejorar este aspecto.
En lo técnico, eso sí, el juego se mantiene sólido: incluso con decenas de enemigos, explosiones y efectos de sangre en pantalla, el rendimiento es muy bueno. Es un punto a favor, especialmente considerando el ritmo frenético que exige cada combate.
Pantallas de carga
A los problemas visuales se suma otro aspecto que en lo personal lo sentí completamente fuera de lugar en un juego de esta generación: los tiempos de carga. Cada vez que inicias un nivel o mueres —algo frecuente debido a la elevada dificultad—, debes esperar a que el juego vuelva a cargar, y estos lapsos son sorprendentemente largos, en comparación de juegos que han salido en el segundo semestre de este año.
En un título tan exigente, donde morir forma parte natural del aprendizaje, estas pausas constantes terminan rompiendo el ritmo y pueden llegar a frustrar. En más de una ocasión estuve a punto de bajar la dificultad, solo para evitar pasar una y otra vez por estas pantallas de carga que, honestamente, se sienten sacadas de la generación pasada.
Un Ninja Gaiden que llegó tarde
Ninja Gaiden 4, lamentablemente, no es el regreso triunfal que muchos esperábamos. Tal vez mi decepción viene de la enorme expectativa que tenía —soy fan del género y he seguido la saga prácticamente toda mi vida—, pero, aun así, siento que este juego habría brillado mucho más en una o dos generaciones pasadas.
No es un mal título; tiene buenas ideas, un combate sólido y momentos espectaculares. Pero en pleno 2025, la fórmula se siente desactualizada y varios de sus apartados no terminan de estar a la altura de lo que la franquicia representa. Por eso, el buen Pixo le otorga un 7.5, con la esperanza de que el siguiente título logre reivindicar a la saga como se merece.
¿Ya lo jugaste? ¿Qué calificación le darías? ¿Te quedas con esta entrega o con Ragebound? Déjame tus respuestas aquí abajo en los comentarios o en Facebook, Twitter (X), Instagram y Bluesky. No olvides seguirnos en nuestro canal de WhatsApp.
Joselo Calderón te dice, Somos accidentes, esperando a suceder.