El año de Nintendo ha tenido sus cosas buenas como Mario Kart World y Donkey Kong Bananza y otras malas como Drag x Drive, que directamente entra a lo peor de 2025. Y dentro de todo ese catálogo de juegos apareció un nombre al que no le tenía tanta fe: Hyrule Warriors: Age of Imprisonment. Un musou basado en el mundo de Zelda, que sucede 100 años antes de Breath of the Wild, pero que sobre todo tiene una fuerte relación con Tears of the Kingdom.
Cuando recibí este juego para reseñar lo veía como un trámite y una oportunidad más de conocer el lore de esta saga que es de mis favoritas. Pero cuando empecé a jugar y pasé las dos primeras horas sentí que estaba ante una de las mejores experiencias del año, personalmente. Un ideal que se fue diluyendo, pero que de igual forma me dejó con un grato nivel de sorpresa.
Gran variedad de personajes, un combate visualmente espectacular y, sobre todo, una carga narrativa que me hizo pensar en que estaba ante un anime de Zelda.

Hyrule Warriors: Age of Imprisonment, un spin-off a la altura
Este Hyrule Warriors es la historia paralela a lo que sucede en TOTK. Justo cuando Zelda cae por el abismo, viaja al pasado, y es en ese momento cuando el juego arranca. Ella es encontrada por Rauru y Sonnia y les cuenta todo lo sucedido. En este momento, en Hyrule, el caos estaba atacando con unas sombras malignas y la idea de Gannondorf de apoderarse del reino.
Así que en general nuestro objetivo será parar ese ataque, que se desplegó por todas las regiones y hacer alianzas para derrotar al malo maloso, mientras Zelda busca como regresar a su tiempo.

Aquí no vamos a controlar a un solo personaje, sino que estaremos rotando por los diferentes guerreros que se van sumando, por lo que continuamente tendremos que aprender a manejarlos, aunque no hay muchas diferencias entre ellos, más allá de las habilidades, ya que básicamente todo se basa en realizar combos mezclando movimientos con Y y X.
Al ser un musou estaremos ante hordas gigantescas de enemigos. Sin embargo, casi siempre nuestro objetivo será derrotar al jefe o mini jefe de una zona para ir avanzando en el mapa y limpiar la región. Un concepto que no cambia, más allá de algunas variantes como peleas en el aire o enfrentamientos con jefes gigantescos.
Un juego que conecta el mundo de Zelda
Regresando a la historia del juego, este Hyrule Warrios tiene un fuerte componente narrativo. Desde el principio tendremos cinemáticas de larga duración y momentos intermedios en los que con ilustraciones nos cuentan lo que está pasando, ya que regresamos a un momento de la historia en la que Hyrule apenas está empezando a asentarse y las diferentes comunidades (Zoras, Gerudo y demás) se están aliando.
Esto es algo muy interesante para quienes hayan jugado BOTW y TOTK, especialmente. Aunque es posible disfrutarlo sin haber vivido esas dos experiencias, el haberlas completado previamente nos dará un bagaje más grande para entender ciertas situaciones, referencias e hilar momentos en los que diremos constantemente: “aaaah, con razón pasa lo otro”.

Sin embargo, la historia es muy concreta y al tener que alargarse por el gameplay se siente por momentos que no hay un desarrollo real. Durante una parte sentía que solo estamos conociendo personajes para desbloquearlos y acceder a zonas, y no había un avance profundo.
La dualidad del combate: adictivo y repetitivo
Acá se juega diferente a cualquier Zelda. Es un combate más activo y variado, ideal para diferenciarse de lo que hacemos en las entregas principales. Al tener tanta variedad de personajes, que se pueden cambiar durante las mismas misiones, da la opción de conocerlos a todos y elegir a los que más nos gustan. Calamo y el Golem Misterioso son los mejores, sin duda.
En el combate tendremos combos base y habilidades para cada personaje. Todo basado en el tipo de guerrero que son. Con Zelda, por ejemplo, tendremos habilidades para controlar el tiempo, entonces podremos realizar ataques para hacer que algo que sucedió vuelva a pasar y afectar al enemigo. Lo que es una referencia a la habilidad de Link en TOTK. A ese tipo de cosas me refiero, cuando estaremos diciendo: “aaaah, con razón pasa lo otro”.
A esto se suma la posibilidad de usar elementos zonan, como en TOTK, como las cabezas de dragón que escupen fuego o los hidrantes de agua. Y, finalmente, combinar objetos que botan los enemigos como cuernos, colas, alas y demás, para tener más variantes de ataque.
Como ven es un abanico bastante grande. Sin embargo, al momento de ejecutarlo y con el paso de las horas, todo se vuelve repetitivo. Los enemigos no son difíciles de derrotar (hice misiones de 5 u 8 niveles superior al que yo tenía y las pasé sin problema) y no cambian tanto como para idear una estrategia profunda, más allá de atacar con fuego a los de hielo, agua a los de barro, etc. Sumado a que el esquema de las misiones es el mismo: ir a una zona a limpiar, después a la otra y, finalmente, acabar en una zona limpiándola.

Así que mi recomendación es tomarse este juego con calma. Se disfruta en sesiones cortas y no en toda una noche de juegos. Con periodos de una hora es suficiente para entrar, hacer un par de misiones y darle su tiempo para no caer en estar en modo automático oprimiendo botones sin sentido.
Hyrule Warriors: Age of Imprisonment: una linda sorpresa de 2025
El juego tiene mucho más: gestión de recursos, establecimiento de campamentos, mejoras de armas y ataques combinados entre guerreros. Así que en general es un paquete muy completo, que incluye un modo de pantalla dividida muy interesante, aunque claramente con una disminución del rendimiento.

La Nintendo Siwtch 2 se comporta a la altura y todo se ve espectacular, con tantos colores y elementos en pantalla. El 60% de mis horas de juego las hice en modo portátil y es delicioso jugar así, porque la pantalla fluye y los FPS están en su lugar.
Aunque es un juego con una fuerte carga narrativa, habrá momentos en los que se sienta que no avanza o que hay algo de trámite para que realmente pase lo interesante. Pero los prometo que para los fans de Zelda hay muchos secretos por describir y un combate, que aunque es repetitivo, se disfruta continuamente.
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