Si tienes un Pikachu tatuado en la espalda o un Gengar como llavero, seguramente sabes que Pokémon es una saga a la que le gusta expandirse sin parar. Sus creadores nunca se conforman con los lanzamientos troncales de cada generación, sino que también tienen una fascinación por crear versiones mejoradas, secuelas, remasters, remakes, ports… No es un fenómeno exclusivo de esta franquicia, pero hay una tendencia a sobreexplotar un concepto que en sí evoluciona poco, con lo bueno y lo malo que eso conlleva.
Con el 30.º aniversario de Pokémon, Nintendo decidió relanzar Pokémon Rojo Fuego y Verde Hoja, dos versiones que ya habían llegado a Game Boy Advance en 2004 como una revisión mejorada de Rojo y Verde de la Game Boy original de 1996. Así que estamos ante el port de un relanzamiento de un juego que llegó hace tres décadas y dio inicio a todo este largo camino.

Es extraño tener la oportunidad de vivir Rojo Fuego y Verde Hoja de nuevo porque, entre su lanzamiento oficial y este port para Nintendo Switch 2, seguramente muchos (incluyéndome) tuvimos la oportunidad de jugarlos a través de un emulador, descargando una ROM para el computador o el celular. Aun así, el juego ha tenido muy buen recibimiento; creo que es porque la magia de Pokémon no se transforma, lo que hace que, a pesar de las múltiples versiones, la saga siga teniendo sentido.
Lo que hace a Pokémon, Pokémon
Creo que esta es la segunda o tercera vez que juego esta versión. Recuerdo haberlo hecho desde un celular hace un par de años y, hace un tiempo, a través de una consola de emulación de estas que están de moda en redes sociales. Pero esta vez el cosmos me hizo empezarlo de una manera diferente: con mi hija de cinco años.
Ella suele acompañarme a jugar en las tardes o un rato en la noche. Solo se sienta a mi lado y me hace 1 583 preguntas sobre lo que ve en la pantalla. Así que no era rara la escena: yo encendiendo la Switch, ella a mi lado y empezando un nuevo juego…
Apenas pasó esta intro, mi hija abrió los ojos y me dijo: «¿Papi, qué juego es ese? ¿Eso es Pikachu? ¿Es Pokémon?» (inserte meme de puñito y sonrisa interna por la buena labor de crianza). El siguiente paso fue experimentar su reacción al ver un juego con ese estilo de arte retro, sin tanto detalle en los dibujos y con un ritmo más lento de lo habitual. Pasamos a elegir al Pokémon inicial y ella tomó el camino de la mayoría: Charmander. Dijo que Bulbasaur no le gustaba y a Squirtle ni cuidado le puso. Su elección se basó en algo sencillo, pero que dice mucho: «Los ojos me parecieron tiernos».
Empezamos las primeras horas y me impresionó mucho la manera en la que conectó de inmediato. Aunque ese arranque es apenas caminar y enfrentar a los mismos pokémon una y otra vez, ella quería verme siempre entrar en combate, ver los efectos (limitados) de los ataques y quedaba impresionada por cómo capturaba a cada criatura con la pokébola.
La justificación para quedarse ahí, al lado mío, era sencillamente porque le gustaban los pokémon, el diseño, lo tiernos que se veían en pantalla y el combate. Todo visto con un estilo más cercano al pixel art que al 3D que ahora tiene la saga. Fue impactante ver cómo un juego que tiene 22 años —basado en uno de hace 30— logró generar algo tan enganchante en una niña que nació viendo películas animadas en 4K y cuyos personajes favoritos suelen estar en tres dimensiones.

Pero esto no ocurrió solo la noche que inicié el juego. Durante las semanas siguientes, ella llegaba y se sentaba a mi lado a verme jugar, a ver a los Pokémon y sumarme otras 2 765 preguntas, porque ahora le causaba más curiosidad todo lo que aparecía en el televisor: por qué evolucionaban, qué pasaba cuando se ‘morían’, los nombres, quiénes eran los personajes nuevos y para dónde tenia que caminar.
Y es que ahí está la magia de esta saga. Para quienes llevamos 30 años en la rutina de llegar a una región, escoger un inicial, explorar, enfrentar líderes de gimnasio, desbloquear zonas y completar la Pokédex, hay algo diferente que siempre nos hace volver. Algo que quizás es el mismo motivo por el que las nuevas generaciones también se cautivan: un universo bien creado que motiva el coleccionismo y tiene tan claro su concepto que no necesita cambiarlo radicalmente en cada generación.
El lado oscuro
La magia también suele tener una parte que no siempre es buena. La llegada de Rojo Fuego y Verde Hoja a Switch 2 es un claro ejemplo. Nintendo cuenta con un servicio de suscripción en el que los usuarios tienen acceso a juegos de sus consolas pasadas, una manera de conservar estas obras y dar acceso a ellas a las nuevas generaciones de gamers.
Sin embargo, a pesar de tener a la GBA como una de las consolas retro disponibles, decidieron relanzar estos juegos como un port individual y de pago. Para los fans no hubo dudas y volvieron a comprarlos. Aunque, de fondo, esto demuestra ese hábito de sobreconsumo que hay alrededor de la saga, llevando el coleccionismo a un punto de exageración que ya es paisaje para quienes se saben el Pokérap mejor que el himno nacional.

Pokémon Amarillo (1998): el primer gran fenómeno de marketing. Se lanzó para capitalizar el éxito del anime. Cambió los iniciales por Pikachu, permitiendo que te siguiera y añadió a personajes como el Team Rocket (Jessie y James). Vendió 14,64 millones de unidades.
Desde Pokémon Amarillo en 1998, la saga ha tenido en total nueve relanzamientos o secuelas intergeneracionales, a los que podemos sumar los DLC de Espada y Escudo y Let’s Go Pikachu/Eevee como otras experiencias que no son nuevas entregas como tal, sino más de lo mismo, pero “más bonito”, renovado y con alguna novedad para justificar el “gorro de la Stacy Malibu”. Podríamos dividir estos relanzamientos en tres grupos:
Las terceras versiones
- Pokémon Amarillo (1998)
- Pokémon Cristal (2000)
- Pokémon Esmeralda (2004)
- Pokémon Platino (2008)
Los remakes
- Rojo Fuego / Verde Hoja (2004)
- HeartGold / SoulSilver (2009)
- Rubí Omega / Zafiro Alfa (2014)
- Diamante Brillante / Perla Reluciente (2021)
Secuelas y expansiones
- Blanco 2 / Negro 2 (2012)
- Ultra Sol / Ultra Luna (2017)
- Pases de expansión de Espada/Escudo y Escarlata/Púrpura
Es una lista que impresiona, porque podría ser fácilmente la línea histórica de cualquier otra franquicia completa. Y aunque en realidad no son contenidos mal diseñados, claramente su intención es explotar un concepto bajo una idea de desarrollo: ganar más haciendo menos.
Esto lo vemos con claridad en los primeros remakes. Llegaron poco después (casi siempre al año siguiente) del lanzamiento de una nueva generación, por lo que Nintendo y Game Freak aprovecharon el nuevo motor gráfico y las novedades jugables para rehacer los clásicos ahorrándose un largo proceso de producción. Algo similar ocurría con las terceras versiones: el mismo juego base con correcciones o pequeñas novedades basadas en las críticas de los fans, aprovechando el éxito de la generación para darle una vida extra y millones de ventas más.

Blanco 2 / Negro 2 (2012): en lugar de una versión “Gris”, lanzaron secuelas reales con una historia que ocurre dos años después. Fueron el relanzamiento más ambicioso a nivel narrativo. Se vendieron 8,52 millones de unidades.
Porque si hablamos de ventas, estos relanzamientos son una jugada maestra. Al revisar los números, vemos que al que “peor” le fue es a Pokémon Cristal con 6,39 millones de unidades vendidas. ¡Seis millones! Es una cifra astronómica para ser solo una versión mejorada lanzada al final de la vida de la Game Boy Color. En el resto, la cifra oscila entre los 11 y 15 millones de unidades. Es absurdo.
Es un panorama que demuestra el poder de la saga sobre sus fans, quienes no tienen problema en decir que el “gorro nuevo” vale la pena simplemente porque hay algo pequeño que no han completado. Un poder que no va a parar, porque a pesar de las críticas a Espada/Escudo y Escarlata/Púrpura, sus ventas han sido de 26 y 28 millones de unidades, respectivamente. Números que justifican el lanzar de manera individual un juego de hace 22 años, como Rojo Fuego/Verde Hoja, que fácilmente podría haber sido incluido en un servicio de suscripción sin ningún costo adicional.
Entender el porqué de este fenómeno es complejo. Pokémon es la franquicia de entretenimiento más grande del mundo, a pesar de que los videojuegos apenas representan el 20% o 25% de las ganancias totales. Sin embargo, los juegos son el corazón que lleva a los fans a gastar en mercancía, anime y cartas.
Llevamos 30 años acostumbrados a esta rutina de relanzamientos. Ya nada parece sorprender y puede que ahí esté la semilla del problema a futuro. Pokémon vive en una zona de confort muy grande; el desgaste se siente y la nostalgia apunta a ser el único motor que mueve la idea de completar la Pokédex una y otra vez. Lo positivo es que esa esencia sigue enamorando a nuevos jugadores y, precisamente por eso, debemos ser más exigentes con su legado.
Al final del día, mientras mi hija sigue maravillada con los ojos tiernos de un Charmander pixelado, está claro que Pokémon no vende solo videojuegos: vende la emoción del descubirmiento. Esa es su mayor fortaleza y, a la vez, su escudo más peligroso.
¡@JuandGames_, good game!