Kena: Bridge of Spirits me ha dado una lección gamer: salir de la zona de confort requiere de paciencia

Este último año ha sido particular en algunas cosas. No he comprado ningún videojuego y he estado jugando solamente lo que hay para reseñar y lo que tenía desde antes. Y aunque seguramente hay motivos económicos, las principales razones son tiempo y paciencia por descubrir algo nuevo.

Esa sensación de querer entrar en un nuevo mundo, entender historias, comprender nuevas mecánicas y disfrutar en general de una experiencia que me obligue a salir de mi zona de confort, es algo a lo que me he negado en los últimos meses principalmente por no tener el tiempo para dedicarle plenamente y dejarme llevar por lo que tenga por ofrecerme.

Algo que siento dio un giro radical gracias a Kena: Bridge of Spirits, un juego que me enseño el valor de la paciencia, que había perdido por todo lo que ha cambiado mi vida en los últimos cuatro años en los que pasé de tener 10 horas de tiempo de juego a la semana a dos o tres.

Kena me dio una lección

Lanzado en 2021 como uno de los primeros exclusivos de PlayStation 5, este título desarrollado por Ember Lab llegó Xbox y fue el momento de darle la oportunidad de probarlo para conocer su lindo universo y tener una lección gamer sobre la importancia de dejarse llevar por las mecánicas, los personajes y el universo que nos quiere plantear un juego.

Para entender un poco mejor todo este panorama. Mi actualidad para consumir juegos se limitaba a buscar los lugares seguros, es como si prefiriera ver un capítulo de Los Simpson o repetirme el Señor de los Anillos y no entrar en una nueva serie o embarcarme en el mundo Dune.

Pero cuando tuve la chance elegir a Kena para este experimento, sentí algo que me resultaba familiar a mis gustos: un juego en tercera persona, con una historia interesante, puzles, un mundo semiabierto y más detallitos.

Sin bien, Kena no es el mejor juego y está lleno de vacíos, especialmente en su combate y en ser una jugada segura de un estudio nuevo. Si será un momento en mi vida gamer que activará algo que se apagó.

Al principio de toda esta experiencia entramos en el mundo como una aventurera que heredó un poder y ayudará a una población que sufrió una catástrofe. Los Rots serán criaturas que nos ayudarán en el camino, dándonos poderes y siendo claves para resolver acertijos.

En las primeras dos horas de juego todo se siente como un tutorial (y odio los tutoriales). El juego nos lleva de la mano para que entendamos sus mecánicas, que son muy similares a las de otra experiencia de su estilo. Nada complejo y seguramente pudo ser algo que se resolviera en la primera media hora.

Pero había algo que me seguía causando curiosidad, sentía que había un potencial más grande. Y esa respuesta llegó en el capítulo de El amor a Taro, cuando debemos resolver cuatro santuarios para abrir una puerta. Esta pequeña sección combinaba diferentes retos, que mostraron que valía la pena tener paciencia para apreciar esta obra.

Cada uno de los santuarios se resolvía de manera diferente, unos eran a través de puzles y otros con combates. Una gran idea para mostrar activamente las mecánicas del juego. Mucho mejor que un tutorial que nos lleva de la mano para solo oprimir botones.

Aquí me dejé llevar. Volví a ser el gamer que se apasiona, que piensa, que le da curiosidad una zona y encuentra la respuesta que tanto estaba buscando. Volví a disfrutar un juego que no estuviera en mi zona de confort, a pesar de ser un género que me agrada. Si bien la experiencia seguía siendo limitada y el combate mantenía una baja amplitud, la sensación en mi ser era otra: quería ir para adelante y no solo dejarlo a la mitad.

Después de pasar esta sección, seguí avanzado en la historia y llegó el segundo premio: relatos conmovedores que sentía cercanos con temas como el amor, la lucha continua por los seres más cercanos y el sacrificio por ellos.

Gran parte de mi tiempo actualmente está en mis hijas: jugar con ellas, consentirlas, darles de comer y general ayudar a que sigan con vida porque a alguna se le ocurre meterse una tapa a la boca y a la otra tirarse de la silla. Y amo hacerlo, amo sacrificar mi tiempo de juego para que ellas y mi esposa sean felices.

Por eso aquellos juegos que no me daban algo en la primera hora de experiencia eran rápidamente desechados, porque al apagar la consola había miles de cosas mejores por hacer (aunque el juego tuviera un potencial que desconocía).

Pero no, así tampoco debe ser la vida. Mi familia entiende que el tiempo de juego también es valioso, que eso ayuda a que yo sea feliz y tenga el espacio de hacer contenidos como estos, más personales.

Entonces al ver la historia de Taro entendí que yo también soy una responsabilidad para mí, que mi paciencia por descubrir nuevas historia debe estar más presente porque si no mi amor por los videojuegos se irá diluyendo y ese no soy yo. Taro encontró la paz y yo liberé una carga, mi zona de confort también debe ser el descubrimiento.

El camino de Kena sigue

Para escribir este texto se supone que tendría que haber terminado Kena, pero no es así. Mi tiempo de juego sigue siendo el mismo que les comenté y es una experiencia que quiero tomarla con calma. El juego me dio la lección que necesitaba para venir a contarles como un videojuego siempre tiene algo por enseñar.

Kena es un gran primer intento de Ember Lab por entrar en esta industria. El juego no es perfecto y se siente como un primer desarrollo de un estudio que está madurando. A nivel gráfico es una película animada tipo Disney o DreamWorks y su historia, cargada de relatos dolorosos, van dejando pequeñas lecciones de vida.

Ya ustedes conocen lo que me dejó a mí y seguro al final de la historia tendré otras más. Es hora que ustedes busquen su propia lección, pero tengan paciencia.

¡@JuandGames_, good game!

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