Han pasado ya 15 años desde que conocimos acerca del mundo de Thedas, el Velo, las Ruinas y el Culto al Creador. Durante este tiempo hemos forjado alianzas, encontrado amigos que se convirtieron en amantes y, por supuesto, hemos hecho enemigos. Pero por encima de todo, nos hemos sumergido en historias fantásticas llenas de decisiones difíciles que ponen a prueba nuestro juicio. Decisiones donde nos damos cuenta de que mantener contento a todo el mundo es imposible.
Por supuesto, los fans de la franquicia esperábamos que luego de una larga espera de casi 10 años, Bioware nos entregará el Dragon Age definitivo, una aventura llena de bifurcaciones, con compañeros carismáticos, trasfondos oscuros y una historia que merece ser jugada cientos de veces. Sin embargo, la desarrolladora se dejó contagiar por la podredumbre de lo woke, dándonos un juego que, si bien tiene sus virtudes, no alcanza el nivel de excelencia de sus predecesores. Así que acompáñame y descubre todo sobre Dragon Age: The Veilguard en nuestra reseña.

El legado de la Inquisición
Dragon Age: The Veilguard nos sitúa varios años después de los eventos de Dragon Age: Inquisition. Solas, The Dread Wolf (el lobo terrible) ha puesto en marcha un plan para derribar el Velo y “restaurar” el mundo, a pesar de que esto permitiría a los engendros tenebrosos pasar libremente al plano material, desatando el caos y la destrucción en Thedas.
Si bien es cierto que, tras un periodo de guerra y adaptación, la amenaza de aquellos que habitan tras el Velo quedaría reducida a cero, el precio a pagar en vidas y destrucción sería incalculable. Solas, cegado por sus ideales y su visión de un mundo “restaurado”, parece no importarle el sufrimiento que causaría y si has jugado DA: Inquisition sabrás que con Solas siempre es “puedes cuestionar mis métodos, pero no mis resultados”.

Ahora bien, durante el ritual para eliminar el Velo, Varric, Neve, Harding y nuestro personaje Rook, harán que Solas falle con su cometido. Sin embargo, en vez de dejar las cosas como estaban, la interrupción del ritual hace que Elgar’nan y Ghilan’nain, dioses antiguos de los elfos, escapen de su prisión. Estos dioses, corrompidos por el poder y la venganza, representan una amenaza aún mayor que los engendros tenebrosos, y ahora nos toca a nosotros revertir el daño y evitar que desaten su ira sobre Thedas.
Para ello y como dijo Zordon: «necesitamos un equipo de adolescentes con energía (Go Go Power Rangers)» donde cada uno aportará habilidades únicas para enfrentar un tipo específico de desafío. Y aunque Solas es el causante de esta catástrofe, no nos abandona completamente. En un acto de redención (o quizás de manipulación), nos cede el Faro, una antigua fortaleza en el Velo que nos servirá como base de operaciones.

Todos estamos representados, a menos que seas una mujer.
La creación de personajes en Dragon Age: The Veilguard es, sin duda, uno de sus puntos más fuertes, las opciones de personalización son extensas y variadas, permitiéndonos crear un personaje único a nuestro gusto. Podemos elegir entre 4 diferentes razas, cada una con varios géneros, clases y orígenes. En cuanto a lo físico, podemos modificar hasta el más mínimo detalle de su apariencia, desde el color de los ojos hasta las cicatrices y tatuajes.




Sin embargo, a pesar de la variedad de opciones, no puedo evitar sentir que los personajes base son, en general, poco atractivos. Las facciones suelen ser toscas y desproporcionadas, y los modelos femeninos, en particular, tienen un aspecto andrógino con cierta inclinación a lo masculino. Me costó bastante crear un personaje femenino que me resultara agradable.

Si bien entiendo que la belleza es subjetiva, creo que BioWare podría haber hecho un mejor trabajo en la creación de modelos base más atractivos y diversos. La supuesta inclusión de la cual se jactan, deja atrás a la belleza hegemónica y dicho sea de paso, la voluptuosidad también ha sido negada dentro del juego. Si la desarrolladora quería que todos pudiéramos ser representados dentro del juego, ¿Por qué menospreciar a las mujeres de curvas pronunciadas y rasgos delicados?
Es innegable que la representación de la mujer en Dragon Age: The Veilguard deja mucho que desear. Los personajes femeninos base carecen de atractivo y presentan rasgos andróginos que los acercan más a una estética travesti que a la feminidad natural. Si bien la inclusión y la diversidad son importantes, no deberían ser a costa de la representación de la mujer en toda su belleza y variedad. Tal vez, la dirección de Corinne Busche, una mujer trans, haya influido en esta decisión de diseño, inconscientemente o no.

Que un amigo es una luz, brillando en la oscuridad.
Ya metidos de lleno dentro de la historia y como te indiqué antes, vamos en búsqueda de ciertos personajes que nos proporcionarán las habilidades necesarias para contrarrestar a los dioses corruptos y sus nuevos aliados. Al principio tenemos a Lace Harding y Neve Gallus, dos señoritas que llevarán en sus hombros la mayor carga narrativa.
Luego se une Bellara Lutare, una elfa que con su optimismo nos inspirará a ser mejores personas y a conectar con la magia de la naturaleza, su conocimiento del Velo y su habilidad para crear portales también serán de gran ayuda. Más adelante, se une al grupo Lucanis Dellamorte, un asesino poseído por un demonio, que con su pasado tormentoso y su carácter cínico, lo hacen un personaje enigmático y muy poderoso a la hora de combatir.

También se nos une Davrin, un Guardián Gris que nos ayudará a pesar de que el Grandmaster Vyran (el jefe mayor de la orden), no ve con buenos ojos nuestra cruzada contra los dioses corruptos y cree que es solo una distracción en su tarea de acabar con la Ruina. Por otra parte, tenemos a Emmrich Volkarin, un nigromante de Tevinter, que con su sabiduría y su dominio de la magia de la muerte, se convertirá un valioso consejero y finalmente, tenemos a Taash, una cazadora de dragones Qunari, que responde más a una agenda de diversidad que a una necesidad narrativa.
Otro punto fuerte y débil a la vez de Veilguard son las interacciones entre los personajes, si bien las conversaciones entre Rook y los demás compañeros suelen ser agradables y reveladoras, los diálogos grupales a veces se sienten forzados y superficiales. En particular, las intervenciones de Taash suelen ser irrisorias y carentes de profundidad, y sus interacciones con Emmrich son especialmente tediosas, con un humor forzado que no llega a funcionar. Sin embargo, hay que reconocer que algunos diálogos individuales, especialmente los de Bellara, son muy buenos y permiten conocer mejor a los personajes y sus motivaciones.
En cuanto a las decisiones que tomamos a lo largo de la historia, volvemos a tener altibajos, por un lado, tenemos que algunas elecciones afectan a las relaciones con los compañeros o a la reputación con ciertas facciones, pero el curso general de la historia se mantiene prácticamente inalterado. Solo hay tres decisiones realmente importantes que afectan al final del juego: una en el episodio 6, otra en el 12 y la última en el 14. El resto de las decisiones son más bien cosméticas y no tienen un impacto significativo en la trama, es lo mismo que pasaba con Inquisition que tenía tres finales, pero había pequeñas partes que cambiaban.

Entre la fluidez y la limitación
Pasada la narrativa, ahora si vamos con la acción, el combate es fluido y frenético, con un buen equilibrio entre ataques cuerpo a cuerpo y a distancia, podemos esquivar, bloquear y contraatacar con cierta soltura y la sensación de impacto en los golpes es satisfactoria. Sin embargo, el sistema de habilidades se siente limitado. Tan solo podemos equipar cuatro habilidades a la vez, lo que restringe nuestras opciones tácticas y nos obliga a especializarnos en un estilo de combate concreto.


Afortunadamente, esta limitación se compensa en parte con la posibilidad de realizar ataques conjuntos con nuestros compañeros, pero más allá de crear combos devastadores, lo que buscamos al luchar es aprovechar las debilidades del enemigo. Por ejemplo, las barreras mágicas son más susceptibles al daño por armas cuerpo a cuerpo, así que lanzar un ataque combinado enfocado en la magia es inútil, por lo que esta mecánica añade una capa estratégica al combate y fomenta sobre todo el trabajo en equipo.
En cuanto a la dificultad, el juego ofrece varios niveles de desafío, pero la diferencia entre ellos se reduce principalmente a la cantidad de daño que reciben los enemigos. La IA no se vuelve más agresiva o inteligente en los niveles más altos, lo que puede resultar un poco decepcionante para los jugadores que buscan un reto táctico.
Pero a pesar de sus limitaciones, el combate en The Veilguard tiene su propio encanto, como en la mayoría de los RPG vamos a desbloquear nuevas habilidades y especializarnos en diferentes ramas de combate mientras subimos de nivel. Esto nos permite tener un objetivo claro frente a lo que queremos que sea nuestro personaje.

Además, es posible influir, aunque de manera superficial, en el desarrollo de nuestros compañeros, cada uno de ellos tiene su propio árbol de habilidades, aunque más simplificado que el de nuestro personaje, en él podemos invertir puntos para mejorar sus atributos y desbloquear nuevas destrezas, esto siempre y cuando los llevemos dentro de nuestro grupo de combate, así como completar sus misiones y tomar decisiones que gusten según su personalidad. Esto nos permite adaptar el grupo a nuestro estilo de juego y crear sinergias entre sus habilidades de los compañeros y las de Rook.

Y si lo que buscamos es mejorar nuestro equipamiento, podemos acudir a las forjas que se encuentran repartidas por Thedas. Allí podremos usar los materiales que recolectamos durante nuestras aventuras para crear nuevas armas y armaduras, o para mejorar las que ya tengamos. Aunque el sistema de creación y mejora de equipo no es tan complejo como en un JRPG, ofrece las suficientes opciones para mantenernos ocupados como el mejorar nuestra relación con el vendedor y el grupo al que pertenece para liberar nuevo equipo.

Thedas en todo su esplendor
El apartado gráfico y sonoro de Dragon Age: The Veilguard es uno de sus mayores atractivos, BioWare ha creado un mundo visualmente impresionante, con una estética que supera con creces a lo visto en Inquisition, los escenarios tienen una muy buena variedad, desde las imponentes ciudades de Tevinter hasta los bosques mágicos de Arlathan. Aunque lo que más destaca es el uso de la iluminación y los efectos visuales, llegarás a ciertos lugares que harán que no te despegues del modo foto.










A nivel sonoro, The Veilguard no se queda atrás, la banda sonora nos acompaña de forma magistral, sea en los momentos de acción o en las partes más emotivas de la historia. Pero donde la música brilla más es en los combates contra los jefes, esta adquiere un tono más intenso, aumentando la tensión y retrata perfectamente el sentimiento de lo que vemos en pantalla. Por otra parte, es una lástima que el juego no aproveche al máximo las capacidades del DualSense en PlayStation 5, como lo son los gatillos adaptativos y la vibración háptica, hay momentos donde el uso de estas herramientas hubiese hecho de la experiencia algo más inmersivo.

Y así, con la satisfacción de haber explorado cada rincón de Thedas y desentrañado los misterios de The Veilguard, me despido. Espero que esta reseña te haya sido útil para comprender mejor lo que ofrece esta nueva entrega de Dragon Age, que en resumen, nos presenta una aventura épica con una historia intrigante, personajes memorables (aunque no todos), un sistema de combate dinámico y un apartado técnico de gran calidad.
Como todo en la vida no está exento de defectos, como el mal diseño de los personajes femeninos o la simplificación de algunas mecánicas, el juego ofrece una experiencia satisfactoria para los fans de la saga y puede ser un gran juego para aquellos que hasta ahora inician en el mundo de los action RPG. Ahora te toca a ti adentrarte en Thedas y forjar tu propio destino, pero antes de que te vayas cuéntame… ¿Esto es lo que esperabas ver en un Dragon Age? ¿Crees que algo faltó? Déjame tu comentario aquí abajo o en Facebook, Twitter (X) e Instagram.
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