Reseña | High on Life 2 – Una ópera espacial irreverente

Han pasado poco más de tres años desde que conocimos la primera entrega de High on Life, un shooter diferente, colorido y profundamente irreverente. Parte de su identidad estaba ligada a la participación de Justin Roiland, mejor conocido como cocreador de la serie de ciencia ficción Rick and Morty, quien además daba voz a varios de sus personajes y fungía como una de las figuras clave dentro de la desarrolladora del juego, Squanch Games.

Tres años después, el panorama cambió de forma considerable. En 2023, tras una serie de problemas legales bastante fuertes y la salida de Roiland, tanto de la serie de televisión como del estudio de desarrollo, parecía difícil imaginar que el proyecto pudiera continuar sin afectar su identidad original.

Sin embargo, durante una edición del Xbox Games Showcase en 2025, High on Life 2 reapareció con un primer avance que lo mostraba más vivo que nunca. Hoy, aquí en La Vida es un Videojuego, ya lo hemos jugado en su versión para Xbox Series S y, después de casi 14 horas de juego, te compartimos nuestras impresiones.

Más neón, más armas parlantes, más caos galáctico

En la primera entrega conocimos el estilo de juego y su narrativa: un protagonista perdedor que, junto a su hermana Lizzie, logra teletransportarse a otro planeta para escapar de la invasión a la Tierra por parte del Cartel G3. Este grupo busca esclavizar a la humanidad utilizando armas vivientes parlanchinas de origen alienígena, pertenecientes a la especie de los Gatilianos.

Una vez en ese nuevo planeta, el protagonista se convierte en el Cazarrecompensas, con la misión de acabar con los integrantes del Cartel G3 para salvar a la humanidad, frenar la invasión de otros mundos y poner fin al uso de los habitantes de cada planeta como drogas de consumo. 

High on Life 2 inicia prácticamente después de estos acontecimientos. El protagonista ahora goza de la fama de haber liberado a la galaxia del Cartel G3 y de ser el Cazarrecompensas más reconocido. Sin embargo, su vida cambia drásticamente cuando una figura misteriosa de su pasado reaparece y pone precio a la cabeza de su hermana, detonando una nueva aventura. Acompañado una vez más por sus aliados Gatilianos, recorrerá distintos rincones de la galaxia repletos de peligros, humor irreverente y varios ajustes en el estilo de juego.

Estamos ante una aventura claramente continuista. Por un lado, la forma de jugar y la estética se mantienen muy cercanas a la entrega anterior: los Gatilianos siguen funcionando como armas parlantes que te acompañan durante toda la experiencia, y vuelve a existir una base central —que en el primer juego era tu casa en la Tierra— donde te reúnes para planear tu siguiente misión. Por otro lado, ahora cuentas con una patineta para desplazarte más rápido, nuevos compañeros y una buena cantidad de ideas frescas que le dan variedad a la experiencia de juego. Así que, si pensabas que ya habías visto todo en la entrega anterior, prepárate para lo que vendrá en esta aventura.

Uno de los puntos fuertes de este título es la mezcla de géneros que propone. Aunque se presenta como un shooter en primera persona, creo que va un paso más allá. Yo me atrevería a definirlo como un shooter narrativo psicodélico de inspiración noventera, en primera persona, que entra directo por los ojos gracias a la agresiva paleta de colores neón que utiliza.

Una galaxia construida a base de nostalgia

El juego también destaca por la variedad de sus escenarios. Recorres ciudades, un zoológico, playas, alcantarillas, algunos entornos que prefiero no mencionar para que los descubras por tu cuenta y hasta un crucero en medio del mar. Sin embargo, hay algo en su diseño que provoca la sensación de estar transitando el mismo espacio una y otra vez, con contadas excepciones. Esto termina por volver la experiencia un poco repetitiva y, en ciertos momentos, monótona.

Por otro lado, uno de sus grandes aciertos es la enorme variedad de personajes y especies con los que interactúas a lo largo de la aventura. Realmente se siente como si fueras un viajero estelar, conociendo constantemente nuevas razas y criaturas, muy al estilo de Rick and Morty, donde cada encuentro parece venir de una galaxia distinta.

Además, si creciste en los años 80 y 90, encontrarás una lluvia constante de referencias a la cultura pop de esas décadas: guiños a caricaturas, películas, series, videojuegos y juguetes, sin olvidar —por supuesto— a Star Wars, que por razones evidentes prefiero no detallar para no arruinarte la sorpresa.

Exploración, combate y ritmo de juego

La aventura de High on Life 2 es prácticamente lineal y se divide en dos tipos de experiencia. El primero es un sandbox amplio que el juego te obliga a recorrer lo necesario para poder acceder a nuevas misiones, por lo que existen zonas que, si no te interesa la exploración, probablemente nunca visitarás. El segundo corresponde a niveles completamente lineales, donde avanzas eliminando todas las amenazas hasta llegar al enfrentamiento con el jefe final y continuar con la historia.

Si tienes alma de explorador, dentro del sandbox te sentirás como pez en el agua. Hay numerosos rincones por descubrir en los que podrás desbloquear trajes espaciales, botas, mejoras para la patineta, tarjetas al muy estilo Garbage Pail Kids —otro guiño directo a los años 80—, páginas para completar un cómic digital y los llamados Lugajones, unas cajas que pueden contener desde pesos —sí, los pesos son la moneda del juego— hasta minijuegos arcade y otros extras. Todo esto ayuda a que la experiencia no se sienta completamente lineal y te invite a dedicarle más tiempo.

En cuanto a la dificultad, el juego ofrece cuatro niveles: Modo Historia, Fácil, Normal y Modo Cazador. Este último representa un reto más elevado sin caer en lo absurdo, ya que los enemigos son más resistentes, aunque se mantienen opciones como la mira asistida, que puede facilitar la experiencia independientemente del nivel elegido.

Respecto a la inteligencia artificial de los enemigos, se nota que hubo trabajo detrás, ya que se cubren en esquinas o detrás de obstáculos para evitar ser eliminados; sin ser algo particularmente sobresaliente, son detalles sutiles que se agradecen durante los enfrentamientos.

La incorporación de la patineta es, sin duda, uno de los mejores agregados. Le aporta dinamismo al desplazamiento, permitiendo moverte con rapidez de un punto a otro, y su control resulta muy intuitivo. Una vez que dominas las superficies y recursos por los que puedes desplazarte, te vuelves prácticamente imparable, y al combinarla con los disparos y la variedad de armas, el resultado es una fórmula que funciona muy bien.

Una localización que salva el idioma

Lamentablemente, High on Life 2 no cuenta con doblaje al español. Esto, en parte, puede verse como algo positivo, ya que permite disfrutar las actuaciones de voz en su idioma original, que son muy buenas, y los chistes se perciben tal como fueron concebidos. Sin embargo, el lado negativo es evidente: si eres joven y no estás tan familiarizado con la cultura pop de los años 80 y 90, o si no dominas el idioma, habrá momentos en los que simplemente no entiendas de qué están hablando los personajes. Además, durante las secuencias más intensas de acción, detenerte a leer subtítulos puede costarte caro, ya que el juego no perdona distracciones.

Afortunadamente, la traducción disponible en los subtítulos es uno de los puntos fuertes del juego. La tropicalización de los nombres y términos funciona sorprendentemente bien y se siente natural. Por ejemplo, el cuchillo Gatiliano que utilizas se llama Filín, mientras que la IA asociada al traje recibe el nombre de Trajit-O, el cual incluso evoluciona más adelante hacia otro nombre que tiene bastante sentido dentro del tono del juego, detalles muy finos y divertidos.

A esto se suma que el humor mantiene la misma línea de la primera entrega y que, una vez más —muy al estilo de Rick and Morty— apuesta por lo irreverente, lo sarcástico y lo absurdo. Si conectas con ese tipo de humor, aquí hay mucho que disfrutar. Eso sí, los Gatilianos hablan constantemente y no se callan en prácticamente ningún momento. Aunque en general resultan divertidos, en ciertos tramos pueden llegar a saturar, por lo que el juego ofrece opciones para reducir la frecuencia de diálogos tanto de los enemigos como de los propios Gatilianos, o incluso silenciarlos por completo. Créeme, en algún punto vas a considerar ajustar esa opción.

Ojalá que en algún momento el juego reciba una actualización con doblaje al español, ya que podría ampliar considerablemente su accesibilidad sin sacrificar su identidad.

Más es menos

He hablado de varios puntos del juego y quise dejar para esta sección uno de los aspectos más negativos de High on Life 2: el exceso de estímulos. Me explico. El juego utiliza una paleta de colores donde predominan los tonos neón, con una estética futurista que, sin llegar a lo ciberpunk, es muy agresiva visualmente. Si a esto le sumamos los diálogos constantes de prácticamente todos los personajes, los momentos de combate y una música que tiende a repetirse, el resultado —al menos en mi caso— fue una sensación de sobreestimulación que termina por saturar. Hubo momentos en los que simplemente quería dejar el juego y apagar la consola.

¿Recuerdas que al inicio de esta reseña lo definí como un shooter narrativo? No lo dije por decir. Aquí hay tantas secciones cargadas de diálogos que, por momentos, da la impresión de que la acción y los disparos funcionan más como una excusa para contar la historia. En el fondo, estamos ante un juego profundamente narrativo. El problema es que no puedes apresurar ni saltarte los diálogos, e incluso cuando fallas y tienes que repetir una sección, la parte narrativa vuelve a reproducirse sin opción de omitirla. Esto, una vez más lo vuelve tedioso y, en lo personal, provocó que dejara de interesarme en lo que los personajes estaban diciendo.

Un tercer punto negativo que no puedo dejar pasar son los tiempos de carga. A lo largo de todo el juego son muy frecuentes y rondan entre los 15 y 20 segundos, durante los cuales solo ves píldoras azules y blancas cayendo por la pantalla. Puede parecer un detalle menor, pero terminó por molestarme bastante. Tal vez el problema es que ya me malacostumbraron títulos como Marvel’s Spider-Man 2 o Ghost of Yōtei, que han cumplido con lo que prometía esta generación de consolas y dejaron la vara muy alta. Por eso, que en pleno 2026 sigamos viendo tiempos de carga tan frecuentes se me hace, cuando menos, difícil de justificar.

Para cerrar esta sección debo de decir que, a nivel de duración, High on Life 2 no se extiende demasiado, pero su ritmo irregular hace que algunas secciones se sientan más largas de lo que realmente son.

Hace ruido, pero no deja eco

En lo referente al apartado gráfico, el juego se ve muy bien, High on Life 2 se desarrolla en mundos que se sienten vivos, poblados por una gran cantidad de personajes, y con escenarios visualmente atractivos. Sin llegar a ser espectaculares ni marcar un nuevo estándar, es un apartado sólido que cumple sin problemas y acompaña bien la propuesta general. En términos de rendimiento, la experiencia fue estable, sin errores que rompieran la partida y sin percibir ninguna caída de frames grave.

La banda sonora corre a cargo de Tobacco, quien también fue el responsable de la música de la primera entrega. Su trabajo vuelve a inclinarse hacia temas electrónicos psicodélicos con tintes futuristas que encajan bien con el ambiente del juego. Sin embargo, la música no logra sobresalir en ningún momento. Al contrario, regresamos al tema del exceso de estímulos: entre diálogos constantes, acción y efectos sonoros, la banda sonora termina quedándose como un simple fondo sonoro repetitivo. En los momentos de mayor intensidad, fue precisamente uno de los elementos que menos logré apreciar.

Cuando la identidad y la nostalgia no es suficiente

High on Life 2 definitivamente no es un juego para todos, si disfrutaste de su primera entrega, seguro te gustará esta segunda parte. Entre su humor tan particular —del que ya hablé a lo largo de la reseña— y esa mezcla constante entre experiencia narrativa y shooter, hubo momentos en los que me sentí un poco desconectado, lo que terminó afectando que disfrutara en general del título.

El juego conserva la esencia y la estética de los buenos tiempos de la programación de MTV; animación con mucha identidad, humor irreverente, sarcástico y cargado de personalidad, capaz de conectar directamente con la nostalgia. Sin embargo, ese mismo enfoque también juega en su contra. La constante saturación de estímulos hizo que, al final, no lograra generar empatía con ninguno de sus personajes y que algunas secciones —como la secuencia final— se sintieran innecesariamente largas y tediosas.

Por todo lo anterior, el buen Pixo le da un 7. Sin duda, se percibe como un tributo a los videojuegos de la quinta o sexta generación de los videojuegos, pero creo que trasladar esa fórmula al contexto actual no termina de funcionar del todo bien.

Ahora tu cuéntame, ¿qué calificación le darías? ¿Cuál fue la parte que más disfrutaste del juego? Déjame tus respuestas aquí abajo en los comentarios o en Facebook, Twitter (X)Instagram y Bluesky. No olvides seguirnos en nuestro canal de WhatsApp.

Joselo Calderón te dice, Somos accidentes, esperando a suceder.

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