La vida real es como un videojuego (muy difícil por cierto), en el que es importante tener claro que ganar o perder cada partida depende únicamente de nosotros y en el que (literalmente) todos, sin importar en qué parte del mundo, estamos jugando.
La vida real es como un videojuego (muy difícil por cierto), en el que es importante tener claro que ganar o perder cada partida depende únicamente de nosotros y en el que (literalmente) todos, sin importar en qué parte del mundo, estamos jugando.