No es secreto que me encantan los videojuegos de manejo de recursos, así, hace poco tuve la oportunidad de probar El Dorado: The Golden City Builder. Y hoy, te cuento mi opinión y si vale la pena.
Buena idea, mala ejecución

El Dorado: The Golden City Builder, en principio, tiene una premisa que me parece creativa: construir una civilización Maya y conquistar Yucatán. Además de los videojuegos de manejo de recursos y estrategia, también me encanta la historia y aprovecharla para contar historias de ficción. Por eso dije, debo probarlo.
Hay dos modos de juego: sandbox (libre) y campaña. Empecé por la campaña y al comienzo me pareció sencillo de entender y con mecánicas usuales de este tipo de juegos. Hay un edificio central y los demás deben estar conectados a este. Junto con manejar la alimentación, minería, madera y agua, como, de nuevo, es usual en el género, debes obtener puntos de astrología para desbloquear las constelaciones de dioses y ganar su bendición.

En la parte superior de la pantalla, se ve un calendario que indica quién es el dios a quien deberías honrar en ese momento. He aquí la primera dificultad del juego: si un dios se enoja, manda un desastre natural a los edificios que no estén protegidos por monumentos.
En su concepto más básico, sigue siendo llamativo. Pero es allí donde inician los problemas.
Empecemos con la más flagrante falla: la interfaz o UI. Para conectar los edificios al central, debes usar caminos, no obstante, cada vez que seleccionaba la herramienta de construcción de caminos me era imposible deseleccionarla a menos que le diera “ESC” hasta que apareciera el menú.
Otras veces, no podía usar la herramienta de mover edificios sin razón aparente alguna. Simplemente, no me dejaba seleccionar ningún edificio. Asimismo, los juegos de estrategia, en mi experiencia, permiten pausar para analizar lo que está sucediendo en la comunidad, pero esto no era posible en El Dorado, ya que el menú tapaba por completo la pantalla y solo se podían tomar decisiones sobre la marcha.
Tomar decisiones sobre la marcha no está mal, pero tampoco era como si hubiera suficientes retos para que fuera interesante hacerlo. Simplemente, necesitaba pausar para encontrar un recurso y no era posible.
Los dioses mandan maldiciones constantemente y, la verdad, es que poco y nada cambian el resultado. Arruinarán un edificio a lo sumo, el cual podría reconstruir con facilidad.

En el modo campaña, entre en un círculo vicioso: para construir el edificio que me permitiría desbloquear el dios correspondiente a la misión necesitaba oro, pero no había oro en el mapa generado. Para construir el edificio que me dejaba hacer trueque con otras comunidades, debía desbloquear el dios en cuestión. Está bien que el manejo de recursos no sea fácil, no obstante, no debería ser frustrante.
Luego, decidí jugar en modo sandbox. Muy fácil, un par de dificultades para construir caminos en terreno desigual. El problema es el exceso de bugs.
Cuando cargue la partida en una oportunidad, el edificio central, por alguna razón, apareció en el lado opuesto del mapa y, obviamente, todo lo que había construido tenía una alerta por no estar conectado a este. Cerré el juego y volví a cargar y ahora todos los edificios estaban en el aire. Una tercera vez y todo se solucionó, al menos.

A pesar de tener todos los edificios protegidos, los dioses seguían destruyendo algunos. No tan molesto, pero poco claras las instrucciones en ese caso.
La mayoría de juegos del género te permiten ver las pequeñas personitas moviéndose de un lado a otro, acá, nada. Jarras y cajas moviéndose en el aire y, en realidad, en el tráiler sí se veían las personas.

Al final del día, aunque la premisa es interesa, es un total no recomiendo. Tal vez en el futuro, si los desarrolladores tienen en cuenta las críticas.

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