Nuestra experta en cozy (@luisaceballos842) ya había tenido la oportunidad de reseñar Winter Burrow y destacaba su curiosa dicotomía de ser un juego del género cozy que combina elementos de supervivencia. Por ende, no es prudente que las palabras que abarquen esta nota se centren de nuevo en sus mecánicas, sino que esta vez nos llevarán a los dilemas y problemas que enfrentan sus protagonistas, en donde seguramente, quien haya probado el título, logre identificarse con las situaciones y vicisitudes que tienen los habitantes de este bosque helado.

No sobra decir que a partir de este punto mencionaré de forma explícita partes de la trama de Winter Burrow, por lo que aconsejo no leer esta nota si deseas jugarlo.
El desplazamiento
De entrada, podemos relacionar este juego con la historia de cientos de miles de colombianos, si lo ponemos en nuestro contexto, o millones de personas en todo el mundo. Seres humanos obligados a migrar y a desplazarse con la esperanza de encontrar mejores condiciones de vida o porque las de sus propios territorios se han vuelto demasiado hostiles. Esta resulta ser la introducción de Winter Burrow, en donde una familia de roedores decide irse a probar suerte en la gran ciudad, esto ocasiona la prematura muerte de los padres del protagonista, víctimas del trabajo en condiciones paupérrimas o “infrahumanas”, si cabe la expresión.
Esto lleva a que nuestro joven protagonista recoja sus propios pasos y regrese a la casa en la que creció, al bosque del que seguramente no debió haber salido, pues se terminó estrellando con la cruenta insensibilidad de las grandes ciudades.
Justo después de que nuestro ratoncillo regresara al que fue su hogar, encuentra su madriguera casi destruida por el tiempo y el frío. Por ende, buscando ayuda de una vieja tía, Abedulina, intenta hacer lo posible por reconstruir lo que una vez fue su hogar, con depredadores acechando cada vez que se aventura a reunir recursos y el peligro inminente de morir congelado.
Su tía, de hecho, será secuestrada por un búho y en nuestro afán de rescatarla, llevarla a casa y, posteriormente, curarla, terminaremos conociendo a todos los animales que habitan el bosque y ayudándoles a resolver varios de sus inconvenientes.
Anuro y Renacuajo
Estos dos anfibios, padre e hijo, respectivamente, tendrán una relación bastante conflictiva, como las de todo el mundo con sus familiares, aquí la terquedad e inflexibilidad de Anuro empezarán a alejar a su hijo Renacuajo, quien decide irse de casa, molesto porque su padre no permite espacio para la discusión y su forma de percibir el mundo es tan rígida como una roca, sin cambios perceptibles.
Pero con el tiempo, Anuro, preocupado por su hijo, quien seguramente sufra lejos de casa, empieza a reflexionar y a entender que Renacuajo tenía otra forma de ver la vida. Este cambio de paradigma se hace evidente cuando construye un refugio para su hijo, con los materiales que este hubiera preferido. Situación que confunde un poco a Renacuajo, ya que, le gustaría ser querido de una mejor forma por su padre, aunque logra ver el esfuerzo de este por cambiar y el amor que le profesa por encima de cualquier pensamiento.
Roedorina
La extraña ardilla en medio del bosque parece trastocada por su pasado y no logra hilar correctamente su presente con lo vivido, pero a medida que le ayudamos entendemos su triste vida. Esta pequeña fue relegada por toda su familia al comportarse de forma extraña (me arriesgo a decir que estaba en el espectro autista), alienada por su propia especie perdió en la nieve todo lo que había sido.
Por eso cuando empezamos a ayudarla, esta duda de nuestras intenciones y no logra asimilar de nuevo la posibilidad de que cuiden de ella y de cuidar de alguien. Situación por la que pasarán muchos cuando no se sienten parte de un lugar y perciben que cualquier acción que hagan los aleja cada vez más de esas personas, llegando a sentir soledad incluso cuando se está rodeado.
Musgo
Esta eriza la veremos buscando a su amado Esparraguino, quien es su pareja y con quien convive en su madriguera. En un principio, algo perdida, nos confundirá con él, ya que lleva algún tiempo esperando su regreso y a medida que encontramos pistas de su paradero, pareciera aferrarse a como era su vida con él, mantiene su hogar intacto, sin hacerle modificaciones para no importunar a su erizo, quien seguramente se moleste cuando regrese.
Con el tiempo, Musgo empezará a hacer las cosas de nuevo a su manera, recordando sus habilidades como tejedora y los momentos con Esparraguino, quien de forma estoica mostraba su amor usando las prendas que ella le tejía. Lamentablemente, él no logrará regresar, una ventisca lo tomará por sorpresa, dejándolo congelado en un lejano paraje del norte. Sin embargo, Musgo lo presentía, sabía que su erizo nunca hubiera tardado tanto y hacia el final de la historia a trompicones, habrá logrado continuar sin él a pesar del dolor.
Salix
Salix es un viejo topo, que parece conservar la memoria de todo el bosque, debido a que es el más antiguo de todos sus habitantes. No obstante, lo aqueja algo, es el único en su especie, por lo que lo veremos retraído en sus estudios, tratando de descubrir qué pasó con los otros topos. Frecuentemente nos mencionará los túneles, artefactos y estructuras subterráneas construidas por los suyos, haciendo que su viaje lo lleve a buscar quiénes eran los topos y a dónde fueron, eso sin dejar de disfrutar de la buena compañía de la tía Abedulina y los postres y bebida que ella prepara.
No somos islas
Hace algún tiempo, tuve la oportunidad de jugar Minute of Islands, un juego independiente que aborda la temática de la soledad y los comportamientos autodestructivos de forma muy implícita, de él escribí una reseña y un especial muy sentido. Hoy, después de varios años, vuelve a mí esa frase mencionada en él: «no somos islas», que expresa de forma contundente lo mal que nos puede hacer sentir la soledad y asumir todo absolutamente solos y solas.
Todos los personajes de Winter Burrow hubieran muerto en el olvido de no ser porque alguien se interesó por ellos, les ayudó y los escuchó. Nuestro pequeño héroe estuvo ahí, dispuesto a sobrellevar su tristeza, acompañándose y ayudando a otros, para que luego, estos lo ayudaran a él, preparando brebajes sanadores, comida y herramientas. Al final, la recompensa está marcada en la última escena del juego, la noche más larga del año, el solsticio de invierno; por vez primera no está caracterizada por un frío apabullante, sino por el calor que brindan los amigos y las risas que nunca deben faltar en nuestras vidas.
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Calachoowie te dice, see you space cowboy…