Si hay algo por lo que todo ser humano deba pasar para decir que tuvo una infancia dentro de los parámetros de la normalidad, es jugar en casa hasta terminar rompiendo algún objeto: la porcelana de la abuela, la vajilla de la mamá, el jarrón de las flores, el plato de la comida, algo, lo que sea; para posteriormente recibir el regaño de nuestras vidas mientras buscamos dónde pagar escondederos a peso. Double Fine y Xbox tenían eso claro, de ahí que se lanzará un juego que podríamos definir con el adjetivo de «curioso». Así que, sin más preámbulos, La Vida es un Videojuego te trae las primeras impresiones de Kiln.

Una diosa alfarera
Algo a lo que nos ha acostumbrado el querido estudio Double Fine es a crear ambientes y escenarios que se salen de la normalidad, tal y como hemos visto en Psychonauts o en el reciente Keeper, que definí en su momento como un desfile de paisajes bonitos. En Kiln pasa algo parecido; nos encontraremos en medio del cosmos, convocados e invocados por una diosa cuyo propósito no parece ser más claro que el de destruir para poder crear.

Celadonia, nuestra diosa, nos pondrá en un mundo conformado por pequeñas plataformas en medio del vacío infinito del universo, en donde controlamos a pequeños espíritus que parecen estar hechos en dos dimensiones y que les darán vida a todos los recipientes de cerámica (en tres dimensiones) con los que entremos en contacto.

A continuación, vendrá el tutorial y se nos menciona el objetivo central del juego, apagar el horno enemigo mientras defendemos el nuestro, ya que, como recipientes, podemos llevar en nuestros cuerpos hechos de barro cantidades variables de agua. Obviamente, nos encontraremos con recipientes enemigos que intentarán rompernos o que deberemos romper para cumplir con nuestra misión. ¿Cómo? Pues a partir de golpazos hasta que nuestros rivales se quiebren.

El taller
En el sentido estricto, podríamos categorizar a Kiln como una especie de juego de lucha o Brawler en línea, como le dicen algunos, en donde escogemos un tipo de luchador con ventajas y desventajas propias, para lanzarnos a una gresca en equipos y dominar el campo de batalla. Lo que lo hace diferente es que nosotros debemos crear a nuestros combatientes a través de una labor milenaria, la alfarería.

En la sala de espera dispondremos de un torno de alfarería para crear nuestra propia “ollita”, la cual tendrá sus propias habilidades según la forma; por ejemplo, si tiene una forma plana, obtendrás un plato; si tiene un cuerpo ancho y un pico delgado, será una botella; si la base es angosta, pero se ensancha en la parte superior, será un cuenco, etc. Y además, estas también cambiarán según la cantidad de arcilla que usemos, la cual en un principio será de una medida estándar, pero a medida que ganes combates y subas de nivel, podrás desbloquear creaciones con poco y mucho barro.

La cantidad de arcilla cambiará nuestro modo de juego, los recipientes con menos, se moverán muchísimo más rápido, pero tendrán menos salud y menos espacio para llevar agua. Por el contrario, los que tengan más arcilla, disfrutarán de bastante salud y un repositorio más grande de líquidos, a costa de desplazarse muy lento. Lo mejor en tal caso es que tu equipo de aliados tenga formas y tamaños variados, ya que notarás que los pequeñitos serán un incordio por su gran velocidad y ataques furtivos, y los grandes resistirán castigo de forma absurda y bajarán demasiado la vida de tu horno si están tanqueaditos de agua.
Como mencioné arriba, la cantidad de arcilla varía las habilidades y ataques de los que dispone tu recipiente; si eres una jarra pequeña, podrás enterrarte para evitar el daño como un taladro y salir con fuerza del suelo para hacerle daño a tus enemigos. Si eres una jarra mediana podrás convertirte en un megáfono que aturdirá a los rivales que tengas enfrente, dejándolos indefensos. Y si eres una jarra grande, podrás hacer los tañidos de una campana, aturdiendo a todos los enemigos a tu alrededor, mientras se vuelven presas fáciles para tus aliados.

Obviamente el juego tenía que tener una capa enorme de personalización; justo después de darle forma a tus “ollitas” tienes que ponerles apliques, asas, picos, tapas, calcomanías y colores, muchos colores. Este punto no agrega ninguna habilidad extra, pero te aseguro que nunca verás a dos jugadores iguales: el nivel de personalización es tal, empezando en la forma, que siempre verás recipientes de lo más variopintos. De hecho, la Fire Up Edition, te dará varios elementos de estos, para que seas el jarrón más madafaca en el barrio.

Mucha acción, poco contenido
Y ya, eso es básicamente Kiln, a partir de aquí tendrás que jugar una y otra vez en unos cuantos mapas, cinco en total. Cada uno de ellos con sus propias temáticas y mecánicas, y con nombres que te hacen pensar en mitología antigua, debido a que Hermes, Anubis, Atenea, Dionisio y Set serán mencionados. Esto hace pensar que, con suerte, en el futuro agreguen otros modos y nuevos mapas, tal vez profundizando un poco en la razón por la que nuestra diosa, Celadonia, desea provocar tanto desastre entre las otras deidades.

Debo aceptar que me he divertido hartísimo, que invertí un montón de tiempo decorando mis recipientes y otro buen rato escogiendo un set de ollas favorito: con el que más me sintiera cómodo, porque hay habilidades que no te entrarán ni con calzador, como otras que te harán sentir el Terminator de la alfarería. No puedo decir más, porque no hay más, es un juego divertido, de esos que enganchan más con amigos, pero que tiene tan poco por hacer, más allá de la personalización, que podría quedarse atrás rápidamente. Igual merece su pruebita.
Hasta aquí la reseña de Kiln, antes de irte a reparar recipientes con kinstsugi, respóndeme, ¿ya probaste este juego?, ¿qué te pareció el nivel de personalización?, ¿ya le rompiste la vajilla a mamá? Déjame tus respuestas aquí abajo en los comentarios o en Facebook, Twitter (X), Instagram y Bluesky. También te invito a seguir nuestro canal de WhatsApp.
Calachoowie te dice, see you space cowboy…
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