Detrás de la partitura de God of War 2018

Hace un poco más de 20 años llegó God of War, un hack and slash brutal que tuvo un gran éxito gracias a su combate fluido, sus escenas de una escala cinematográfica monumental y por romper con el arquetipo del héroe clásico al presentar a Kratos, un personaje impulsado por la ira, la tragedia y la sed de venganza.

El juego se convirtió en el favorito de muchos jugadores y dio paso a varias entregas de la saga protagonizada por el espartano. Sin embargo, en 2018 la serie evolucionó de una forma inesperada con un nuevo God of War, que dejó atrás la mitología griega para adentrarse en el mundo de la mitología nórdica.

Por supuesto, la música también tenía que cambiar. La saga siempre había contado con una identidad sonora muy marcada y, junto con el nuevo concepto del juego, su banda sonora también evolucionó. Por ello, en La vida es un videojuego analizaremos el tema principal de God of War de 2018 y descubriremos cómo nació su particular sonido.

El compositor de los dioses

La banda sonora de God of War estuvo a cargo del compositor estadounidense Bear McCreary, nacido el 17 de febrero de 1979 en Fort Lauderdale, Florida. Estudió en la USC Thornton School of Music y comenzó a ganar notoriedad gracias a su trabajo para televisión, particularmente con Battlestar Galactica, donde desarrolló una identidad musical muy particular al combinar la orquesta occidental con instrumentos y tradiciones musicales de distintas culturas.

Antes de participar en God of War, McCreary ya había trabajado en videojuegos como Dark Void, Dark Void Zero y SOCOM 4: U.S. Navy SEALs. Precisamente este último sería importante para su llegada a la saga, ya que en él trabajó con los productores musicales Peter Scaturro y Keith Leary, quienes posteriormente participarían en la producción musical de God of War.

El trabajo de McCreary en SOCOM 4 había demostrado su capacidad para integrar instrumentos tradicionales dentro de una estructura orquestal moderna, algo que encajaba perfectamente con la intención de Santa Monica Studio de construir una identidad musical relacionada con el mundo nórdico. Así fue como recibió la invitación para reunirse con Scaturro y Leary en Santa Monica Studio, donde las conversaciones sobre música folclórica, instrumentos nórdicos y mitología terminaron revelándole que el proyecto secreto era un nuevo God of War.

Pero el trabajo de Bear McCreary no sería nada fácil. No se trataba simplemente de crear “música vikinga”; tenía el reto de construir una nueva identidad sonora para Kratos y, al mismo tiempo, hacer que la música acompañara su transformación. Por ello, McCreary se apoyó en instrumentos y sonoridades escandinavas, pero también conservó elementos de la personalidad musical de la saga, como los metales, las percusiones y los coros.

Curiosamente, durante los primeros meses de producción McCreary tuvo libertad para crear temas sin estar limitado por escenas específicas o necesidades de gameplay. De este proceso surgieron las bases de los principales motivos musicales del juego, incluido el famoso tema de Kratos.

Este trabajo terminó convirtiéndose en una de las bandas sonoras más reconocidas de la saga y consolidó la colaboración de McCreary con God of War, participando posteriormente en God of War Ragnarök y God of War Laufey próximo a estrenarse.

De Grecia a Midgard

Al ubicarse God of War en su nueva etapa dentro de la mitología nórdica, todo el concepto musical tuvo que cambiar, además de plasmar la evolución de Kratos, quien ha cambiado de perspectiva debido a su edad, la madurez adquirida después de todos los acontecimientos que ha vivido y su nueva faceta como padre junto a Atreus.

Para reflejar estos cambios, Bear McCreary decidió incorporar instrumentos folclóricos escandinavos como la zanfoña y la nyckelharpa —instrumentos bastante difíciles de describir, pero incluyo imágenes—, el violín de Hardanger —parecido a un violín tradicional, pero que puede contar con 8 o 9 cuerdas—, acompañado de percusiones folclóricas nórdicas, el dulcimer e instrumentos de cuerda de tradición escandinava.

Y si lo anterior fuera poco, se utilizó el acompañamiento del coro islandés Schola Cantorum, grabado directamente en Reikiavik, Islandia, y cantando en nórdico antiguo. La razón de incluir este coro fue que el islandés moderno es la lengua viva más cercana al nórdico antiguo, por lo que los cantantes islandeses podían leer y comprender estos textos con mayor facilidad.

Cabe mencionar que la banda sonora también contó con la participación de los coros London Voices y The City of Prague Philharmonic Choir, aunque utilizar a Schola Cantorum fue uno de los elementos vocales más distintivos de la producción.

Obviamente, con instrumentos y voces tan peculiares, la banda sonora tomó una identidad única que ayudaba al jugador a aumentar la experiencia de juego y quedar completamente inmerso en esta región nórdica y en el tono más maduro, íntimo y profundo que el juego proponía.

Con todo esto, el equipo estaba listo para plasmar las melodías que escucharíamos a lo largo del juego.

Nyckelharpa

Tres notas, una historia

El tema musical de Kratos, llamado “God of War”, es a la vez sencillo y profundo, ya que parte de solo tres notas ascendentes: Do, Re y Mi bemol (C-D-E♭), que funcionan como el leitmotiv del personaje. Pero existe una contradicción fundamental hecha intencionalmente: por una parte, representa al Kratos que todavía está definido por su fuerza, masculinidad, violencia contenida, pasado y rabia, interpretados mediante metales graves, percusiones poderosas y voces masculinas profundas.

Por el otro lado está el Kratos en el que se está convirtiendo: el padre, el hombre que ha envejecido, que ha aprendido, que es vulnerable y que está intentando relacionarse con su hijo. Esta faceta está representada en el mismo tema mediante melodías y armonías mucho más bellas y emotivas.

Todo lo anterior hace que el tema funcione como un leitmotiv extremadamente flexible. Después de varios meses de trabajo y de múltiples aportaciones del equipo, la composición tomó la identidad que conocemos:

Metales graves + grandes percusiones + voces masculinas profundas + instrumentos folclóricos nórdicos + coro islandés + elementos de música nórdica, todo conviviendo en momentos épicos, pero también en pasajes emocionales y tranquilos, representando el contraste entre el pasado, presente y futuro de Kratos.

Para 2016, PlayStation tomó una decisión arriesgada que serviría para presentar el nuevo God of War de una manera completamente diferente. Durante el E3 de ese año, Bear McCreary apareció frente a una orquesta en el Shrine Auditorium de Los Ángeles y comenzó a dirigir el tema sin que el público supiera qué juego estaba a punto de presentarse.

La música llegó al clímax y el público comenzó a reaccionar incluso antes de ver a Kratos. Al abrirse el telón y comenzar el gameplay, las tres notas de su leitmotiv anunciaron al personaje y el auditorio explotó en gritos y aplausos. Así culminaban meses de trabajo sobre el tema y quedaba demostrado que la música podía revelar la identidad del juego incluso antes de mostrar a su protagonista.

Sin duda, es una pieza poderosa y reflexiva que se convirtió en uno de los elementos más reconocibles de esta nueva etapa de God of War y que, con el paso del tiempo, seguramente será recordada como una de las grandes composiciones de la saga.

La música de un nuevo Kratos

El estudio de desarrollo demostró cómo renovar una franquicia de una manera exitosa, cuidando todos los detalles para que la comunidad aceptara el cambio y dejando una huella dentro de la industria con excelentes decisiones.

Uno de estos detalles fue la banda sonora, que define perfectamente quién está tratando de ser Kratos, utilizando elementos musicales muy distintos a los de la saga espartana. Tal vez la música no sería tan recordada sin la evolución del personaje, o tal vez el personaje no sería tan recordado sin la evolución de su música. Sea como sea, este tema quedó ligado para siempre a Kratos y es prácticamente imposible separar uno del otro.

Ese detalle resume perfectamente el cambio entre ambas bandas sonoras: en 2005, la música nos recuerda principalmente quién es Kratos; en 2018, la música intenta mostrarnos quién está tratando de ser Kratos.

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Joselo Calderón te dice, Somos accidentes, esperando a suceder.

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