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Reseña The Division 2: ¡Diversión en el fin del mundo!

Aprender de los errores también hace parte de la vida gamer. Corregirlos y tomar los puntos buenos de las acciones anteriores genera que esta industria crezca y sus géneros vayan tomando mucha más forma. Así es The Division 2, una entrega que supo entender lo bueno de su primera edición y darle un giro a esos aspectos que quedaron en el aire para ofrecer a sus usuarios un juego que cumple con su objetivo… ¡Diversión en un mundo postapocalíptico!

Ubisoft nos trae junto Massive Entertainment la continuación de lo que sería el plantea tierra después de un virus mortal que acabó con gran parte de la población. Esta vez cambiamos New York y su invierno, por Washington y un sol radiante. Pero la situación de la humanidad sigue siendo la misma con divisiones en clanes que buscan tener el dominio de las zonas y los recursos. Nosotros como agentes de The Division tendremos que luchar contra tres facciones: Hienas, Hijos Verdaderos y Parias. Somos el lado bueno.

Este contexto nos lleva a movernos por toda la ciudad, tomando los diferentes puntos de control, refugios y desbloqueando zonas reales de la capital de Estados Unidos, como el Capitolio, la Casa Blanca o el teatro.

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Puntos fuertes: Jugabilidad y diversión

The Division 2 sabe llevar a sus jugadores, con un inicio tranquilo (no por eso fácil), cauteloso y que va creciendo a medida que el usuario se suelta en el desarrollo de las misiones. La evolución del nivel de personaje permite mejorar la armadura sin convertirlo en un ser inmortal que puede atravesar los objetivos sin recibir daño. Porque, aunque hagas una misión de nivel menor al tuyo, la dificultad se va a sentir y los enemigos no serán tan fáciles de superar.

Las coberturas y la forma en que te puedes mover en el mapa es uno de los puntos más disfrutables. Todo puede ser un punto de cobertura, tanto para ti como para tus enemigos. Los mapas no siempre están de manera frontal, pueden ser un circulo o tu objetivo se puede encontrar en el edificio del frente. Este entorno hace que la estrategia deba estar presente, no puedes ir corriendo y disparando como loco. Hay que pensar y encontrar la mejor manera de salir de cada situación.

Para solucionar estos problemas el juego te ofrece habilidades, que en realidad son apoyos diferentes a un arma y tu blindaje, como pueden ser torretas, drones, minas, escudos y otros elementos más que servirán mucho para cumplir con las misiones o para superar los momentos mientras te mueves en el mapa de manera libre tratando de tomar los puntos de control.

Y este último aspecto da pie para hablar de la inmensidad de The Division 2, que no solo se queda en las misiones principales o secundarias, el juego ofrece muchas más posibilidades como los mencionados puntos de control y eventos que transcurren en la ciudad, en los que puedes intervenir o terminas involucrado porque debes pasar por ese lugar. A esto hay que sumarle las ‘zonas oscuras’, un modo de juego que supo potenciar Ubisoft para esta segunda entrega, siendo mucho más grande y contundente, aunque perdió fuerza narrativa.

El endgame es otra muestra de la amplitud del juego. Después de terminar las misiones parece como si hubiese otro juego, con cosas diferentes por ofrecer y que te hará volver para pegarte unas buenas partidas.

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Puntos débiles: ¿Solo una excusa para dar tiros?

El mundo de The Division 2 es grande, pero no profundo. La historia postapocalíptica queda de lado cuando tomamos las armas, la parte narrativa es prácticamente inexistente, al punto en que estas en medio de una misión y no recuerdas el motivo de porque estás allí dando tiros a los enemigos. Todo parece una excusa para ir y sobrepasar al objetivo con balas. Los momentos en que la historia parece tomar forma son banalizados y el silencio de tu personaje hace entender que eres solo un arma más en Washington, porque mientras todo el mundo habla y cuenta su historia, tú solo estas allí para obedecer y servir de asesino.

Otro punto en el que el videojuego se queda muy corto es en la variedad de misiones. Las principales son todas iguales: llegas a un punto, entras a un edificio o subterráneo, vas pasando de sala en sala matando a tus enemigos, activas lo que tengas que activar (que parece ser el objetivo de la misión), luego debes intentar salir y se presenta otro problema o llega un jefe. Así se repite una y otra vez.

Los enemigos son algo que no pude definir (y aquí habló en primera persona). No encontré el equilibrio para entender si eran inteligentes o no. En momentos sorprendían con estrategias interesantes para derrotarte, flanqueándote y moviéndose constantemente por el mapa poniéndote todo difícil. Pero en otros, simplemente corrían hacia ti y se paraban justo detrás, haciendo todo tan sencillo que daba un poco de pena, o también tardaban mucho en reaccionar y podías pasar por su lado sin que se dieran cuenta. Algo extraño, que por eso hace más débil que fuerte al juego.

Conclusión

El juego engancha por su jugabilidad, su manera de hacer que debas pensar para superar los objetivos y no solo tomar el arma para disparar como loco. Para eso te ofrece habilidades, coberturas, enemigos que pueden ponerte en aprietos o que por el contrario serán fáciles de matar. Pero olvida darle un toque de personalidad al jugador, de hacer sentirlo parte de su mundo más allá de matar. Es cierto que el juego busca diversión y retar al usuario, pero deja ese interrogante y esas ganas de haber podido tener más de su ambiente.

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