Corría 1990 y los beat’em up de maquinita (Arcadia) vivían su mejor momento. Todavía faltaba poco para que los juegos de pelea, impulsados por Street Fighter II, comenzaran a robarles protagonismo, pero en ese entonces todos soñábamos con disfrutar esas experiencias en casa. El problema fue que seguíamos en la era de los 8 bits, y replicar la calidad de esas maquinitas era una tarea casi imposible.
Debido a esas limitaciones técnicas, era difícil imaginar conversiones fieles de títulos como Final Fight o The Simpsons. Sin embargo, eso no detuvo a los desarrolladores. Estudios como Technos of Japan demostraron que, en lugar de competir directamente con las maquinitas, podían ofrecer experiencias distintas, pero igual de divertidas con juegos como Renegade y Double Dragon en sus versiones caseras.
Fue en ese contexto cuando llegó River City Ransom, un juego que, en lugar de parecerse a las maquinitas, decidió reinventar el género. Aquí, en La vida es un videojuego, te contamos por qué sigue siendo un juego al que vale la pena echarle un vistazo.

Los orígenes de River City
Aunque River City Ransom no fue el primer juego de la popular saga japonesa Kunio-kun, sí fue el título que llevó la franquicia a un nuevo nivel. Lo que parecía otro beat’em up terminó convirtiéndose en una propuesta sorprendentemente adelantada a su época al combinar de forma magistral elementos de beat’em up, RPG, exploración libre y un diseño que hoy podría llamar un proto-metroidvania —más adelante explicaré por qué lo llamo así—.
En cuanto a la historia, sigue una fórmula muy popular a finales de los ochenta: rescatar a una dama en apuros. Aquí controlas a Alex y Ryan —Kunio y Riki en la versión japonesa—, dos estudiantes de secundaria que recorren toda River City enfrentándose a las pandillas que se han apoderado de sus calles. Su objetivo es derrotar a Slick, el líder de la organización criminal, y rescatar a Cyndi, la novia de Ryan.
La historia nunca pretende ser el punto fuerte del juego, pero cumple perfectamente su función: darte un motivo para seguir explorando la ciudad y enfrentarte a cada uno de sus líderes hasta llegar al enfrentamiento final.

La fórmula que nadie esperaba
River City Ransom llegó innovando con una mezcla de géneros poco común para la época. La combinación funcionó a la perfección y, sumada a la posibilidad de jugar tanto en solitario como en cooperativo local con un amigo—lo cual cambiaba totalmente la experiencia—, dio como resultado una fórmula que, incluso 36 años después, sigue siendo igual de divertida.
Beat’em up
El género predominante es, por supuesto, el beat’em up. Cumple con todos los elementos clásicos: puedes golpear a los enemigos con puños y patadas, pero también despojarlos de sus armas y usarlas en su contra. La variedad es enorme: desde cuchillos, cadenas y manoplas de hierro, hasta cajas, botes de basura, llantas e incluso piedras. Todas ellas pueden utilizarse para atacar cuerpo a cuerpo o lanzarse a distancia, haciendo que cada pelea sea distinta y muy divertida.
RPG
Aquí es donde el juego empieza a desmarcarse del resto. Aunque sus elementos de RPG son sencillos, resultan muy originales. Tu personaje cuenta con habilidades de Fuerza, Agilidad, Patada, Puñetazo, Lanzamiento, Armas, Defensa y Voluntad, las cuales puedes mejorar conforme avanzas.
Lo interesante es que, a diferencia de otros RPG de la época, aquí no subes de nivel únicamente derrotando enemigos. Cada maleante deja caer dinero al ser vencido y tú decides cómo invertirlo en las diferentes tiendas repartidas por toda la ciudad.
Puedes entrar a restaurantes y comprar desde una taza de té hasta sushi o rib eye para mejorar tus estadísticas. También hay librerías donde adquieres libros que desbloquean nuevas técnicas, desde golpes triples hasta la posibilidad de patear enemigos en el suelo —que quizá no sea muy ético, pero definitivamente sí muy divertido—.
Y uno de mis detalles favoritos es que el juego refleja parte de la cultura japonesa en pequeños detalles. Un buen ejemplo son los baños públicos, donde puedes ir al sauna y darte un relajante baño para recuperar toda tu energía antes de continuar la aventura.

Exploración libre
Este apartado es una auténtica joya. Puedes recorrer prácticamente toda la ciudad, entrar y salir de distintas zonas, colarte por callejones, subirte a bancas o muros e incluso brincar sobre un bote de basura o cualquier otro objeto que esté cargando un enemigo. Todo esto hace que el escenario se sienta mucho más dinámico que el de cualquier beat’em up tradicional.
Pero esta libertad también tiene un propósito. Los jefes están repartidos por toda la ciudad y se van desbloqueando conforme avanzas, así que eres tú quien debe encontrarlos. De hecho, si no derrotas a todos, jamás podrás acceder al último escenario: la escuela donde te espera Slick. Y sí… eso fue exactamente lo que me pasó la primera vez que jugué. Pasé un buen rato pensando que el juego estaba atorado, hasta que entendí que me faltaba encontrar a uno que otro jefe.
Por eso vale la pena prestar atención a los diálogos, ya que muchas veces ellos mismos te dan pistas sobre cuál será tu siguiente destino.

¿Un proto-metroidvania?
Sé que llamarlo metroidvania sería incorrecto, porque ese género todavía ni siquiera existía y aquí el progreso no depende de desbloquear nuevas habilidades de movimiento. Sin embargo, sí encontramos un mapa interconectado, la necesidad de regresar constantemente a zonas anteriores (backtracking) y una exploración que recompensa al jugador.
Por eso me gusta pensar que River City Ransom fue, de alguna manera, un proto-metroidvania. No porque perteneciera al género, sino porque ya incorporaba varias ideas que años más tarde se volverían características de él.
Personajes con personalidad
Si todavía no los convenzo de probar este título, déjenme decirles que su apartado visual también tiene mucho que ofrecer. Su estilo no solo les dio una identidad muy marcada a los juegos de Technos of Japan, sino que incluso hizo que cada personaje fuera fácil de identificar en pantalla. Esto permite distinguir claramente sus movimientos y evita esa sensación, muy común en otros beat’em up de la época, de estar peleando una y otra vez contra el mismo enemigo con diferente color de ropa.
Para lograrlo, la desarrolladora optó por diseñar a todos los personajes con el estilo Super Deformed, es decir, con una cabeza grande y un cuerpo pequeño. Además de darle mucha personalidad al juego y de usarla en varios juegos posteriores, esta decisión también ayudó a optimizar los recursos del NES, ya que requería menos cuadros de animación y menos tiles para representar a cada personaje.
Y si eso no fuera suficiente, prácticamente todos los personajes tienen nombre propio —algo muy característico del género—. Pero, también, cada uno cuenta con un pequeño diálogo antes de pelear. Aunque algunos de esos diálogos se repiten —salvo en el caso de los jefes—, es un detalle que ayuda a darle mucha más personalidad al mundo del juego y hace que River City Ransom se sienta mucho más vivo que la mayoría de los beat’em up de su época.
Todo esto está acompañado por un sentido del humor muy particular de la desarrolladora, que hace que River City Ransom nunca se tome demasiado en serio y conserve un encanto que sigue funcionando décadas después.

El tributo musical
El apartado musical también merece una mención especial. Aunque no cuenta con una banda sonora muy extensa, cada escenario tiene su propia identidad musical. Un buen ejemplo son las tiendas, donde la música cambia por una melodía mucho más tranquila y agradable.
La música estuvo a cargo de Kazuo Sawa, quien utiliza ritmos con un marcado estilo shuffle con ciertos matices de rockabilly, para darle mucha personalidad a las calles de River City. Pero más allá de sonar bien, la banda sonora también cumple una función dentro del juego: cuando aparece un jefe, la música cambia de inmediato, avisándote que es momento de prepararte para una pelea importante. En un título con tanta libertad para explorar, ese detalle termina siendo más útil de lo que parece.
Y si ya recorriste toda la ciudad para llegar al enfrentamiento final, todavía te espera una sorpresa. La batalla contra Slick utiliza un tema que los seguidores de Technos of Japan y del género seguramente reconocerán de inmediato, un guiño a otro de los grandes beat’em up de la compañía que, la primera vez que lo escuché, simplemente me voló la cabeza y hasta la fecha sigo disfrutando mucho esa pelea final gracias a ese gran tema.

Un beat’em up inolvidable
River City Ransom es un juego muy divertido que, además de reflejar muchos aspectos de la cultura japonesa, nunca pierde de vista su principal objetivo: divertir y ofrecer un buen reto. No es casualidad que hoy sea considerado un juego de culto y que la saga Kunio-kun cuente con cerca de 40 títulos.
Debo admitir que la primera vez que lo jugué no terminé de entenderlo. Pensé que era otro beat’em up más, hasta que poco a poco descubrí que había que prestar atención a los diálogos, explorar la ciudad y, sobre todo, entender la importancia de mejorar las habilidades de mi personaje.
Conforme fui comprendiendo sus mecánicas, terminé pasando horas recorriendo River City, reuniendo dinero para comprar todas las técnicas disponibles y prepararme para el enfrentamiento final contra Slick.
Parece mentira que hayan pasado ya 36 años desde su lanzamiento y que siga disfrutándolo igual que la primera vez. Esa es precisamente la razón por la que hoy lo compartimos en La vida es un videojuego: porque creemos que es uno de esos clásicos que vale la pena descubrir, o volver a jugar, para entender por qué sigue siendo tan especial.
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Joselo Calderón te dice, Somos accidentes, esperando a suceder.
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