Otro más a la lista, Nintendo y Square Enix dándome la oportunidad de entrar a sagas que siempre me he vetado por las vicisitudes de la vida. El turno esta vez es para Dragon Quest, saga más antigua que el mismo Final Fantasy y que cuando tuve la oportunidad de jugar su edición número VII, por allá a principios de siglo, mi PS2 nunca leyó el disco (esto no es un argumento en defensa de la postura tomada recientemente por PlayStation frente al formato físico). Ahora llega a mí la edición definitiva de Dragon Quest XI S: Ecos de un Pasado Perdido, así que de nuevo advierto sobre la mirada que tendrá este análisis, como un nuevo jugador de la saga.

El mundo de Erdrea
El apartado artístico es lo que cabría esperar de un título construido a partir del asombroso diseño de personajes otorgado por Akira Toriyama, el legendario creador de Dragon Ball. Por ende, la historia está cargada de esa extraña familiaridad y nos permite conectar con la aventura rápidamente.

El mundo de Erdrea nos hará transitar a través de bosques, pantanos, desiertos, praderas, estepas, montañas y mucho más, en escenarios conectados entre sí, que, a pesar de no ser tan extensos, otorgan cierta posibilidad de exploración y libertad, ofreciendo un mundo abierto a pesar de sus pantallas de carga entre cada escenario.


También podremos disfrutar el juego traducido a nuestro idioma, al menos en los textos. No obstante, la localización deja bastante que desear, y aunque es notable el esfuerzo para representar, a través de variaciones, cada una de las culturas presentes en este universo, se usan términos que dejarían algo perdidos a quienes no estén familiarizados con este tipo de traducción.
Hablando de idiomas, esta versión se podrá jugar con voces en inglés y en japonés, probando ambas en mi partida y quedándome con la última: la actuación de voz de los habitantes del archipiélago es difíciles de superar.

En esta misma línea encontraremos la música creada por el ya fallecido Koichi Sugiyama, quien ha compuesto para la saga desde su primera entrega hace 40 años y que nos dejó esta última obra antes de marcharse. Sin embargo, para esta edición se contó con los arreglos de la Tokyo Metropolitan Symphony Orchestra, lo cual le brinda una calidad indiscutible a la obra, o en mejores términos, inalcanzable. Esta siempre tendrá ese marco sinfónico, pero adaptada a la situación en la que nos encontremos, ya sea explorando los hermosos parajes de Erdrea, como investigando los calabozos de algún reino mágico.
De vuelta a lo tradicional
Si bien desde hace un par de años han vuelto ha popularizarse los RPG por turnos, muchos han tenido que usar sistemas de combate mixtos o aprovechar mecánicas de parry y coreografías asombrosas para mantenerse supuestamente divertidos. Dragón Quest apuesta por lo tradicional, ataques por turnos que se deciden a partir de la propia estadística de velocidad de cada personaje y el salto característico hacia adelante y atrás para ejecutar el golpe.

Dispondrás de ataques básicos, hechizos y habilidades aprendidas en tu haber, con sus respectivas barras de salud y magia. Ganarás puntos de experiencia al superar cada combate y puntos de destreza para gastar en tus árboles de habilidad, que mejoran el desempeño de tus personajes en las armas que pueden equiparse y les otorgan nuevos ataques y hechizos.

De forma paralela, en medio de los combates tus personajes podrán entrar en estado de concentración, lo que aumentará el daño que infligen de sobremanera. Además, cuando coinciden estos estados entre los miembros del grupo podrán ejecutar ataques combinados asombrosos, haciendo bastante daño o preparando el campo de batalla a tu favor.
Todo esto resultará demasiado simple para muchos jugadores jóvenes, pero, para quienes llevamos jugando desde hace varias décadas, será volver a un lugar familiar; sus mecánicas se aprenden fácilmente, porque las hemos visto muchas veces antes, pero eso no lo hace aburrido.

De hecho, hablando de tradicionalidad, es posible jugar a Dragon Quest XI en dos modos diferentes, en 3D, con la libertad y belleza que he descrito arriba, o en el modo 2D, para que termines transportándote a los años 90, cuando la Super Nintendo dominaba los mundos fantásticos del J-RPG.

Historias por descubrir
Encontraremos una historia típica fantástica en donde el héroe, conocido como el Luminario, está predestinado a traer la paz frente a la amenaza que representa el mal. Sin embargo, parte de la importancia de todo juego de rol es la posibilidad de perderse entre sus mundos, por ende, puede que las siguientes líneas entren en el cliché, pero el camino que recorremos durante esta trama es lo que más puede llegar a importar.

Entre cada misión principal hallaremos varias otras secundarias que nos harán desviarnos de nuestro objetivo muchas veces. Entre estas dispondremos de la aventura secundaria del pueblo Horense, el lugar donde viven los cronolinos, guardianes temporales que te pedirán acompañarlos a su ciudad.

Este lugar, en dos dimensiones, será el punto central en el cual podremos viajar a diez puntos diferentes en el pasado, que justamente son los diez Dragon Quest que preceden a este, haciendo un guiño constante a sus otras entregas, presentando situaciones que seguramente hubiera disfrutado más si hubiera conocido los otros juegos. Aun así, le da bastante variabilidad y sé que los fanáticos de la saga encontrarán estas referencias muy agradables.

Eternamente DraKue
Es importante aclarar que este juego fue originalmente lanzado para la generación anterior y por la misma razón no encontraremos un portentoso apartado gráfico. Obviamente no lo justifica, sabiendo que muchos otros títulos se siguen viendo increíbles a pesar de los años. Dragon Quest cumple con lo que necesita, pero aun así se siente algo acartonado en algunos momentos, principalmente en las conversaciones in-game, aunque logra excelentes transiciones en las cinemáticas.

Dragon Quest XI es un título que se disfruta muchísimo como amante de los RPG. Que tiene un apartado gráfico sencillo, pero un diseño de personajes asombroso, que recuerda muchísimo a Dragon Ball, y por adición a las tardes cuando llegábamos del colegio a disfrutar de las aventuras del pequeño Gokú. Pues es precisamente lo que se siente cuando te sumerges en Dragon Quest XI.


Curiosamente, aunque he mencionado que es un juego que funciona más por nostalgia hacia lo tradicional en el género, es decir para treintones y cuarentones, su trama y el alivio cómico usado también se sintieron algo infantiles o predecibles.

Esto puede suceder precisamente por la mirada que ahora tengo de la vida, o que, este tipo de tramas hagan parte esencial de lo que debe ser un Dragon Quest. Eso no quita que haya sido muy divertido y que me haya sentido de nuevo joven (al menos por un momento), es más, creo que es una buena oportunidad para que las niñas y niños se adentren al género por la sencillez de sus mecánicas y la gran visualidad y teatralidad que sostienen sus personajes.

Para concluir, me ha agradado probar por primera vez la saga, sé que los veteranos encontrarán varias actividades por disfrutar, incluso nuevas si ya probaron antes el juego. Sé que los amantes del género deben probarlo de principio a fin, riendo con la ocurrencia de sus personajes o con la forma en como se desenvuelve la historia. En definitiva, es un título recomendado por mi parte.

Hasta aquí la reseña de Dragon Quest XI S: Ecos de un Pasado Perdido, antes de irte respóndeme, ¿qué otro título de la saga has probado?, ¿ya habías disfrutado de esta décimo primera entrega?, ¿tuviste la oportunidad de jugar con el Slime Controller? Déjame tus respuestas aquí abajo en los comentarios. Tampoco te olvides de seguirnos en Facebook, Twitter (X), Instagram y Bluesky, así como en nuestro canal de WhatsApp.
Calachoowie te dice, see you space cowboy…
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