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Reseña de The Last of Us Part I: una versión tan exitosa como innecesaria

Una curiosa moda ha crecido en la industria de los videojuegos durante los últimos años. Como si quisiéramos celebrar la existencia misma de este sector cultural, muchos desarrolladores hoy apuestan por rehacer sus grandes obras para las plataformas de actual generación. Con la idea de apelar a la nostalgia del consumidor, algunos creadores apuestan por un remastered que retoque el código original del juego lo suficiente como para venderlo. Otros, más aventurados, apuestan por remake que reaga la obra desde cero y la ajuste a las tendencias actuales. El más osado se atreve, incluso, a coger una franquicia y lanzarla en reboot con un juego completamente diferente al original pero con el mismo sello y así mantener el renombre.

Naughty Dog y el director Neil Druckmann se han destacado siempre en la industria como una desarrolladora innovadora que apuesta desde su nacimiento por aventuras disruptivas e icónicas. Sin embargo, con su franquicia de The Last of Us, cayeron en la trampa de frenar su creatividad y explotar a la gallina de los huevos de oro. 

El juego original salió en 2013 para Playstation 3 y ganó 240 premios a juego del año. Con el objetivo de darle más vida, la desarrolladora publicó un remastered en 2014 para Playstation 4 y por un tiempo todo pareció quedar ahí. No obstante, mientras la industria esperaba una nueva IP de Naughty Dog, en las oficinas de California se preparó una secuela que fue anunciada en 2018 y publicada en 2020. Eso sí, aunque The Last of Us Part II continuó la fórmula de su hermano mayor, supo ser una megaproducción fina en todos sus aspectos y disruptiva en lo narrativo.

¿Tiempo de cambiar los aires y crear otro universo? Esa era y sigue siendo la decisión que muchos esperábamos que tomara Naughty Dog. Sin embargo, quizá obligado por la reciente estrategia de Sony de publicar sus obras exclusivas en PC, Neil y compañía se pusieron manos a la obra con el juego que hoy me compete analizar. The Last of Us Part I para Playstation 5 es un remake espectacular y fiel que demuestra la potente vigencia de la entrega original, mientras pule algunos detalles gráficos y jugables sin manipular la raíz que hace a este juego uno de los más influyentes de la historia. Tras revivir la trama de Joel y Ellie, mi favorita dentro de esta industria, se me llena de vida el alma, pero me nace la duda: ¿era necesaria una versión nueva?

The Last of Us Part I demuestra la vigencia de su historia y mecánicas del original.

Hecha esta larga introducción, de esas que solo merecen ciertos juegos, puedo entrar, por fin, en materia. La narrativa de The Last of Us Part I no demuestra un solo signo de agotamiento desde que el original debutó en 2013. El mundo sufre una apocalipsis tras la mutación de un hongo parásito que se adueña del sistema nervioso de los humanos que infecta y se propaga con facilidad. En esta distopía, Joel, un adulto perseguido por los dramas del pasado, conoce a Ellie, una joven nacida tras la debacle de la humanidad, y vive con ella un camino que significará mucho para la sociedad que los rodea, pero también para ellos mismos como personas. Tras la pandemia del COVID-19 que inició en 2020 y después de la publicación de The Last of Us Part II, los tópicos, mensajes y preguntas que genera la historia del original no solo se mantienen vivos, sino que cobran un nuevo interés. Los temas que giran alrededor de un traumado y cínico Joel en el mundo postapocalíptico que lo rodea, así como la pérdida de inocencia que vive Ellie en la travesía, siguen dejando miga en mi cabeza tras jugarlo este mes. La historia de esta obra brilla como pocas dentro de los videojuegos y el remake logra con ella lo mismo que las versiones previas de 2013 y 2014.

Aquello que pretende contar y generar The Last of Us Part I con su narrativa es lo que importa más en este juego. Esa siempre ha sido la tónica de la franquicia, e incluso de Naughty Dog, que con la saga de Uncharted ya había demostrado guiones del nivel de Hollywood. Pero esto no es una película, ni pretende serlo, sino una experiencia narrativa que aprovecha a todo pulmón la ventaja interactiva de los videojuegos. Por eso, la jugabilidad en The Last of Us fue crucial en su momento y el remake no podía fallar al recrear este apartado. Quizá por eso, la desarrolladora apostó por mantener la misma ecuación y dejar iguales casi todas las mecánicas del juego. El combate es el mismo, y las mejoras de los personajes y su equipo no cambian. Los mapas son iguales y la exploración en ellos genera el mismo resultado. Como en el fútbol, la alineación que gana no se toca.

La narrativa todavía cautiva en 2022 y genera nuevas preguntas después de todo lo que hemos vivido como sociedad desde 2013.

Cualquier cambio mayor, incluso para añadir mecánicas de la secuela como la de acurrucarse para meterse debajo de un carro, generaba un riesgo para la fórmula. En un juego, el escenario debe vivir en armonía con las herramientas que tiene el jugador para interactuar con él. Sumar nuevas mecánicas por capricho podría romper este equilibrio. Por esa razón, Naughty Dog solo hace mejoras ornamentales en la manera de interactuar dentro de ciertos minijuegos (como abrir una caja fuerte o prender un reactor), en donde sí recoge ideas de The Last of Us Part II. También, aprovecha de la secuela algunas animaciones de los personajes y el menú de los espacios para mejorar las armas. Poco más cambia entre el original y su remake en este apartado.

En la estética y lo puramente técnico, la doctrina es la misma. The Last of Us Part I es una versión pulida del original y aprovecha lo que la Playstation 5 tiene para ofrecer en potencia e innovación tecnológica. Los tiempos de carga son pequeños y las texturas, animaciones faciales, paleta de colores, físicas del agua y reflejos de la luz demuestran que la industria se ha movido dos generaciones hacia adelante. Si la versión de Playstation 3 y su remastered de Playstation 4 dejaban ver unos paisajes impresionantes y unas cinemáticas carismáticas que sacaban lágrimas, The Last of Us Part I ubica todo un escalón por encima. A nivel de sensaciones, este remake aprovecha la tecnología del control DualSense para personalizar la presión del gatillo derecho con las armas del juego.

A nivel técnico y estético, The Last of Us Part I es una versión del original que aprovecha las ventajas de la Playstation 5.

La sensación, como era de esperarse, es de estar jugando a The Last of Us con el código de su secuela. Si en 2013, Naughty Dog hizo oro de lo que la Playstation 3 ofrecía para crear un universo sorprendente en lo técnico, el resultado de repetir el producto con más potencia es, naturalmente, aún más explosivo. Quizá, el único aspecto ignorado en este remake fue el comportamiento de los NPC. Tanto Ellie (o quien acompaña al personaje jugable) como los enemigos cuentan con el mismo diseño. No es raro ver a nuestros colegas y rivales hacer algún movimiento absurdo o extraño, como ya sucedía con la versión de 2013. Esto tiene que ver con la decisión que ya comenté de no arriesgar la fórmula jugable por introducir una supuesta mejora que pueda romper el equilibrio entre escenarios y mecánicas.

A nivel general, el resultado de The Last of Us Part I es el de un juego que sabe cautivar tanto como su versión original y que aprovecha los beneficios de la actual generación. Hice el experimento de ver jugar una partida a una persona que no conocía The Last of Us hasta ahora y su reacción fue como aquella que tuve cuando jugué esta obra por primera vez. Eso demuestra que el juego mantiene una propuesta atractiva y vigente que todavía tiene mucho que ofrecer a la industria, incluso nueve años después de su estreno. Por mi parte, que soy fan de la franquicia desde que la conocí, fue gratificante vivir una vez más la historia que cambió mi visión sobre los videojuegos. El remake emula a la perfección aquello que hizo el primero y responde a lo que exige una entrega de The Last of Us. Es un juego atractivo que no decepcionará a quien desee comprarlo.

Tras esa reflexión, sin embargo, me queda la sensación de que no era un trabajo necesario. Claro, la idea de llevar la franquicia a PC invitaba demasiado a la reconstrucción del juego para usar la potencia actual de las plataformas de juego, pero creo que The Last of Us Part I no consigue algo que The Last of Us no logre. En aquello que de verdad importa durante la experiencia de un juego, el original y su remake producen el mismo resultado. Ante eso, solo queda decir que The Last of Us Part I es la versión más potente de jugar a una obra majestuosa, pero quien tenga el original o su remastered y no sienta la necesidad de una mejora técnica o estética, bien puede quedarse ahí. La creación de este remake, si bien exitosa, es netamente comercial.

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AndyalHabla – What is the downside to eating a clock? It’s time-consuming.

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