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Reseña de The Last of Us, Episodio 2: un gran tutorial narrativo

ALERTA DE SPOILERS: ESTE TEXTO TIENE SPOILERS DE LA SERIE DE THE LAST OF US Y DE SU NARRATIVA PARALELA EN EL JUEGO.

HBO lo volvió a hacer. El segundo episodio de The Last of Us respeta a la obra original mientras marca sus propias reglas y define para qué usar cada momento de la historia. En esta nueva hora de contenido, atravesamos junto a Joel (Pedro Pascal), Ellie (Bella Ramsey) y Tess (Anna Torv) una Boston abandonada que sirve como un tutorial. ¿De combate, de sigilo, de plataformas? Nada de eso. Este episodio fue una clase de biología y de trama. Tras ella, queda mucho más claro cómo funcionan los infectados en este universo y qué los diferencia de aquellos del juego. Además, si bien la historia avanzó poco en comparación al piloto, quedó claro cómo funciona la volátil relación que tienen Joel y Ellie, sostenida por anhelos propios muy ocultos y gracias a la determinación de Tess. Por eso, la muerte de esta última es el punto y aparte que cierra la introducción de la historia. Joel y Ellie quedan solos ante el mundo y dependen del otro para llegar a buen puerto.

Nada más empezar el episodio, HBO vuelve al pasado. Los primeros minutos resuelven la duda del origen de la infección en la serie, tema que fue tendencia durante la semana. Sí, el hongo mutó por el calentamiento global y encontró en la harina un espacio idóneo para reproducirse e infectar a los humanos. El episodio lo muestra con un relato en Indonesia durante 2003, a través de los ojos de una micóloga y profesora (Christine Hakim) que es consultada en secreto por los militares para que realice una autopsia a una campesina que se alteró y mordió a otras personas hasta que le dispararon. Tras realizar los exámenes necesarios, la experta descubre que se trata del hongo cordyceps en un cuerpo humano. Al igual que el epidemiólogo en la primera escena de la serie, la científica entiende lo que está por suceder. La humanidad acaba de perder.

Esta apertura, aparte de servir como introducción a una temática del episodio (el funcionamiento del hongo), consigue lo mismo que el programa de televisión del piloto. HBO sabe que su audiencia acaba de sobrevivir a una pandemia y lo aprovecha. Nosotros entendemos bien cómo se vive el momento en el que una amenaza biológica se vuelve realidad. Eso sí, aunque la experiencia del covid fue aterradora, esta propuesta de la serie es aún más terrorífica y tanto el guión como las actuaciones demuestran que la gravedad es, indudablemente, de niveles apocalípticos. Al combinar el contexto real con el ficticio, la audiencia queda con un pensamiento que eriza la piel: “y si hubiera sido así de grave”. Anoche tuve pesadillas con eso, no fue bonito.

Mientras esa idea infecta nuestra cabeza, HBO recupera la trama en dónde la dejó: Ellie es inmune y tiene que convencer a Tess y Joel. Este argumento, tanto en el juego como en la serie, permite conocer más a los personajes. Ellie es insolente y muy inteligente bajo presión, Joel no se fía ni de que el agua moja y Tess es una líder natural que debe resolver el acertijo y averiguar qué hacer. El episodio está dedicado a ellos casi por completo, algo que supone una buena noticia, dado que las actuaciones de Pascal, Ramsey y Torv son impecables. Los tres captaron a la perfección lo que el momento pedía a sus personajes, la relación entre ellos y contribuyeron de manera magistral a que el espectador sienta lo que debe sentir en cada escena. Profundizaré sobre eso más adelante.

Mismo mérito tienen Druckmann y Mazin al dirigir y escribir el episodio. De nuevo, demostraron que es posible mantenerse fiel al juego sin forzar escenas del contenido original que solo aportan jugabilidad y no son relevantes a nivel narrativo. En el juego, el camino por Boston incluye una secuencia nocturna (con posibles intercambios de disparos) en la que Joel, Ellie y Tess escapan de los agentes de FEDRA. Esto en la serie no sucede y la noche se omite para darle espacio al día. El episodio apuesta por una luz que permite a Tess explicar a Ellie (y a la audiencia) cómo funciona el hongo. También, al borrar los combates con FEDRA, HBO usa el tiempo en pantalla para contar lo que le interesa y usar los enfrentamientos como un tutorial narrativo. En el juego, también vemos a los chasqueadores por primera vez en la zona abandonada de Boston, pero su introducción es menos terrorífica y se enfoca en que entendamos cómo matarlos. Por mi lado, de poco y nada me sirvió conocer al monstruo del juego para ahorrarme la sensación de miedo. Además recursos visuales de las escenas del museo (sobre todo el hongo en la puerta principal) me causaron una tripofobia nada agradable.

Y debo hablar del miedo. Si el juego se impulsaba de sus mecánicas para potenciar la narrativa, la serie usa el miedo para engancharnos. En este episodio, este sentimiento tiene dos caras. Por un lado, Ellie se aterra de lo que no conoce. Teme por su ignorancia en un mundo destrozado y asesino. Del otro, están Joel y Tess, que saben muy bien a que se enfrentan, pero eso no les reduce el pavor que sienten al escuchar un chasquido o al ver el hongo. No solo pasa en la interacción de los protagonistas. Los gestos atónitos e ignorantes del militar indonesio al escuchar la conclusión y recomendaciones de la micóloga (que sugiere bombardear la Yakarta) se parecen a los de Ellie. La científica, por su parte, muestra el mismo terror en su cara que Joel y Tess cuando hace la autopsia y entiende la gravedad del problema. Esta tendencia, incluso, se traslada a la audiencia. Quienes no han jugado el juego temen como Ellie, los que conocemos la historia nos asustamos como Joel y Tess. En eso, como ya comenté antes, tiene mucho que ver las excelentes actuaciones de este episodio.

La muerte de Tess, tras revelarse su infección y la necesidad de Joel y Ellie de huír, funciona muy bien como final de este episodio tutorial. Hasta este punto, la serie estaba educando a su público, viejo o nuevo, para que entendiera las reglas de juego. La trama de The Last of Us centra su argumento en el viaje y relación de Ellie y Joel. El adiós de Tess es el verdadero punto de partida del nudo y, por lo tanto, merecía un especial cuidado. Sin embargo, eso no significa que la serie tuviera que replicar al juego en el cómo de los sucesos. En la versión original, Tess lucha contra soldados de FEDRA que perseguían al trío. Así se hizo porque dicha amenaza se mantiene latente en el juego y porque el jugador necesita otro estilo de combate tras varios minutos de enfrentarse solo a infectados. En la serie, en cambio, FEDRA se quedó atrás, y los villanos del momento son infectados.

Además, este enfrentamiento final es la oportunidad perfecta para mostrar en acción lo que Tess y Joel explicaron a Ellie sobre la conexión del hongo con los infectados a través del suelo. Eso y que, dada la apuesta de horror que HBO busca con la presencia del hongo, el encuentro de Tess con el infectado que la besa hace que su muerte, si bien heroica, no sea para nada agradable. Esto sirvió para que los aficionados al juego tuviéramos una sorpresa que nos dejara el corazón a mil.

El segundo episodio de The Last of Us mantiene el nivel del piloto y reitera la apuesta de HBO por contar su propia versión sin traicionar al juego. La sensación que me queda, como amante de la historia original, es que la serie ha conseguido entretener a viejos y nuevos aficionados de la trama. Siempre quise volver a sentir lo que sentí cuando jugué The Last of Us por primera vez. HBO está logrando que viva algo semejante. Por ahora, veo este experimento narrativo como cuando dos personas cuentan, cada uno por aparte, su versión de una historia que pasó hace tiempo. Cada uno tiene su punto de vista y ambos testimonios difieren en detalles, pero son la misma historia. Si ambas narrativas son buenas, en vez de decidir cuál es la oficial, podemos quedarnos con las dos como excelentes opciones para conocer un cuento. Veremos qué más ofrece HBO el próximo domingo. Eso sí, se acabó el tutorial y empieza la travesía de verdad.

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AndyalHabla – What is the downside to eating a clock? It’s time-consuming.

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