F1 23, reseña: cuándo la fórmula está lista, qué más se puede hacer

Los juegos deportivos anualizados sufren del mal de la repetición. Cambiar un título con solo un año de desarrollo es prácticamente imposible, pero cuando la fórmula alcanza su punto de perfección más alto, cuál es el siguiente paso… Y F1 23 sufre de este mal.

EA Sports y Codemasters vienen haciendo un gran trabajo con la franquicia y en este momento la experiencia tiene mucho provecho que sacarle, sin importar si somos el conductor más experimentado o si apenas sabemos acelerar y frenar. 

Para la entrega de 2023, los cambios están enfocados en el contenido, como la continuación del modo historia y F1 World, que es más una pulida a los formatos de años anteriores para darle la fuerza suficiente al contenido online, que estaba medio desordenado.

Pero todo esto no es suficiente cuando muchas de las carreras se sienten igual y el factor sorpresa se pierde pronto. Sin dejar de ser un mal juego o que tenga errores, F1 23 es una buena entrega, pero no más que eso.

Un modo historia poco flexible

La historia que vimos de Aiden Jackson hace un par de juegos sigue en este título. Esta vez con un nuevo equipo en la Fórmula 1 y con la inclusión de más personajes, por lo que no solo lo manejaremos a él.

La historia es la típica de cualquier película de superación: un chico que tiene el sueño de ser el mejor piloto, está en un equipo de media tabla, con un compañero fastidioso, un mentor y el reto por la llegada de una nueva estrella. 

El argumento se hace tan predecible que se nota la gran influencia que ha tenido la serie de Netflix, Drive to Survive, en su creación. Drama, dolor, sufrimiento, llanto, polémica y tensión. Una fórmula que poco motiva a querer conocer más.

Y si a esto se le suma un esquema narrativo tan rígido, que se siente como estar siguiendo un túnel en el que solo ponemos el modo crucero para llegar al final. El esquema es claro: cinemática > carrera > cinemática > llamada dramática > cinemática > carrera > cinemática > llamada dramática… y así por los siglos de los siglos. 

Uno de los momentos menos útiles es cando tomamos decisiones con el director de equipo, porque está ahí por estar y aunque tiene un impacto en algunos detalles. Se presenta siempre igual, sin una ambientación o fuerza narrativa que impregne.

Todo para decir que la pasamos bien. Pues sí, al final es drama deportivo, personajes con estereotipos y que sirven para pasar unas horas sin mayores problemas, porque en la carrera nos tenemos que preocupar por un objetivo en específico y el reto es suficiente. 

F1 World…

No soy un fanático del multijugador en ningún juego, pero F1 23 hace un trabajo interesante con este modo, porque ordenó el online y le dio valor al progreso, al obtener recursos para personalizar el auto y mejorar la conducción. 

Los retos que se presentan motivan a querer ir y volver, sin necesidad de clavarse una carrera de 70 vueltas, sino una experiencia más corta y concreta, que seguramente será el punto que a muchos termine llamando más la atención cuando terminen el modo historia y no quieren más del modo carrera.

¿Y la conducción qué tal?

Los videojuegos de F1 tienen tantos niveles de accesibilidad que ahí está su mayor fuerte. Cada jugador puede adaptar la experiencia a sus capacidades y eso permite disfrutar del juego sin necesidad de ser un experto, o siéndolo. 

Para este año se agregaron reglas como la bandera roja, que suspende la carrera y modifica la estrategia. Algo aporta, pero cuando la fórmula ya está perfeccionada es difícil ir más allá. 

Manejar en F1 23 es un deleite, pero se siente igual que en las dos últimas entregas. Y sí, hay cambios que dan pequeños detalles diferenciales, pero es que manejar un auto es lo que es y Codemasters lo tiene muy afinado. Cada giro se siente natural, la profundidad de la aceleración tiene un efecto concreto en la conducción y la necesidad de estar concentrado en cada giro acerca la experiencia a lo que seguramente se siente al estar en un auto de Fórmula 1.

Una fórmula resuelta, pero con problemas

Que F1 23 se sienta como los demás juegos anteriores de la franquicia no es negativo. El trabajo de desarrollo ha sido tan bueno que no se necesitan mayores cambios, porque la experiencia es ideal dentro del auto.

El trabajo está en hacer mejor todo el ambiente fuera de él. Por ejemplo, finalmente se incluyeron voces latinas para la narración, pero… ¡Dios! Con todo el respeto que se merecen Juan Fossaroli y Giselle Zarur, grandes periodistas de automovilismo, su actuación de voz es limitado y es incómodo escucharlos.

A eso se suma un desfase en el audio muy marcado. Las cinemáticas del modo historia sonaban muy bajo, mientras que el sonido en las carreras se subía dos o tres veces, y no era un problema de configuración o de mi televisor. 

Al final de todo F1 23 es un bueno juego. Que si eres fanático de este deporte vas a disfrutar y crear una escudería modesta que escale para llevarse el mundial será tu objetivo. El componente online está mucho más organizado y motiva (incluso para mí que no soy fan de esa parte), el modo historia es cumplidor, pero no esperes mayores giros narrativos y conducir se disfruta al máximo (como desde hace tres años).

Pero los desarrolladores necesitan sentarse y pensar con calma cómo mejorar algo que ya está tan bien, porque falta más chispa y un factor que invite a volver.

¡@JuandGames_, good game!

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