En el 2022 uno de los videojuegos más sonados centraba su atención en la futurista aventura de un gatito naranja. La razón obvia de llevarse todas las miradas es porque todo el mundo ama a los gatos, de hecho, una parte de lo que debías hacer en él era jugar a ser un gato; haciendo caer objetos desde las alturas, arañando los muebles o durmiendo en el regazo de algún personaje amigable. No obstante, quiero ir un poco más allá de eso y relatar cómo este título me llevó a través de una historia que maneja varios conceptos que suelen levantar las voces en los debates en torno a la ética y la moral. Por tal razón, aprovechando la llegada de Stray a Xbox Series X│S, di un salto a una aventura que engloba diferentes problemas que la humanidad ha tenido que enfrentar o enfrentará en su futuro.
Así bien, antes de comenzar se debe aclarar que se hará uso de spoilers para desarrollar más fácilmente la idea central de la nota, así que lee bajo tu propio riesgo.

Parasitación y recuperación
El ganador del The Game Awards 2022 a mejor videojuego independiente inicia su historia con cuatro gatitos que exploran las ruinas en una instalación, un mal salto lleva a que nuestro protagonista caiga hacia las profundidades de esta y se encuentre entre las sombras de una ciudad abandonada. Allí hará contacto con un pequeño dron, llamado B-12, que nos propone un trato de colaboración mutua para escapar de la ciudad en la que ambos están atrapados. Avanzando por esta, serán atacados por los Zurks, una especie de parásitos que parecen consumir cualquier cosa que se mueva y cuyo enjambre atacará a nuestra pareja, que solo podrá huir de las mandíbulas de estos asquerosos seres.
Aquí hago el primer paréntesis con el término Biorremediación, este concepto se relaciona con las diferentes estrategias empleadas por el ser humano, mediante microrganismos, hongos y plantas para recuperar el medio ambiente de diferentes contaminantes que lo alteren; efectivamente, llevamos varias décadas usando estos procesos, un claro ejemplo es el uso de plantas para filtrar y limpiar cuerpos de agua, que por medio de sus raíces absorben diferentes metales pesados y los acumulan, para posteriormente ser cosechadas, descontaminando los medios acuáticos donde se encuentren.
Pues resulta, que los Zurks que atacan al gato y a B-12 son la descontrolada evolución de una bacteria que consumía basura; un intento de la raza humana para hacerse cargo de los desechos que producían en la hermética ciudad y que empezaban a acumularse dentro de los muros de esta. El juego nos muestra que, en algún punto, la bacteria mutó en tal proporción que terminó por convertirse en una especie de chinche con la capacidad de devorar incluso el metal.
Para hacerlo un poco más aterrador, recientemente se descubrió que una bacteria, llamada Ideonella sakaiensis, tiene la habilidad de degradar el polietileno, por lo que se espera que empiece a usarse este método para el control de residuos en años venideros, ya sea en complemento con otras técnicas o mejorando las habilidades de la bacteria con ingeniería genética.
Evolución y trascendencia
Posteriormente, nuestros héroes llegan a un barrio aislado de la infección Zurk, en donde todos sus habitantes son robots. Rápidamente entendemos que ya no hay seres humanos y que son los robots quienes intentan sobrevivir en este lugar. B-12, que tiene su memoria fragmentada, empezará a recordar qué sucedió con la raza humana, la cual, asolada por una catástrofe no especificada, debe recluirse en una ciudad cúpula totalmente separada del exterior. A medida que avanzamos por la trama es posible entender que una enfermedad asoló a los miles de pobladores de la ciudad. No obstante, bajo esta emergencia, los humanos siguieron segregándose, dejando a los habitantes más pobres en las periferias mientras la basura y las enfermedades se propagaban sin control por los suburbios; un esfuerzo ruin y vano, ya que al final ninguno sobrevivió.
Entre estos recuerdos el más revelador es el de la existencia propia de B-12, este fue un humano alguna vez; sintiéndose acorralado por la enfermedad que destruía a su familia y sabiendo que le quedaba poco tiempo, decidió transferir su cerebro a uno de los asistentes robóticos que ayudaban con los quehaceres de la ciudad (los mismos que la habitan en el futuro). Pero, algo salió mal y su conciencia quedó atrapada en un limbo informático, siendo liberada hasta que nuestro peludo protagonista interviene en la historia.
Este descubrimiento afecta profundamente a B-12, pues sabe que todos a quien conoció y amó alguna vez, ya no existen. Sin embargo, se sobrepone al saber que, en medio de todo e imitando diferentes comportamientos de sus antiguos amos, sus compañeros robóticos han adquirido conciencia, estableciendo una sociedad en esta ciudad encapsulada, en la que procuran cuidar de los otros, mientras crean arte, celebran sus victorias y hasta se entristecen por sus muertos. Esto inspira a nuestro pequeño dron a buscar una forma de abrir la ciudadela y que los compañeros hereden una Tierra que ya está ecológicamente recuperada.
Justo aquí es a donde quería llegar. Resulta que muchas hipótesis sostienen que nuestra habilidad para cambiar el entorno y evitar adaptaciones ambientales, ha llevado a que la evolución y la selección natural se detenga en nuestro haber. Los seres humanos ya no evolucionarían bajo el principio darwiniano; a pesar de ser animales, nos hemos separado del resto de los seres vivos. ¿Entonces, qué es lo que le depara a nuestra especie? Pues el Transhumanismo, este es un movimiento cultural, filosófico e intelectual que tiene como objetivo transformar a la misma humanidad a algo que vaya más allá, dejando de lado todas nuestras debilidades y fortaleciendo nuestras características físicas o intelectuales por medio de la tecnología.
Para ello, hay diferentes posibilidades y obviamente todas son artificiales. La primera es a través de un término que usé más arriba, la ingeniería genética aplicada a los seres humanos, que buscaría alterar el genoma para eliminar enfermedades o potenciar nuestras facultades biológicas, haciéndonos más resistentes a infecciones, es más, podríamos hasta escoger la apariencia física de nuestros hijos.
Otra yace en integrar tecnologías a nuestros cuerpos: si tus ojos ya no ven, los reemplazamos por unos que perciban infrarrojos y ultravioletas; que tu espina quedó destrozada por el trabajo de carga, te la cambiamos por una reforzada de metales que te dará la fuerza de diez hombres; que sufres una enfermedad del corazón, te ponemos uno artificial que no tiene fecha de caducidad.
Una más radical sostiene que el cuerpo es una prisión para el cerebro, entonces, la solución sería dejarlo atrás y trascender; ¿por qué no cargar nuestras conciencias a la nube y existir en ella eternamente, en una sola mente colmena, viviendo en una “realidad” donde no hay límites físicos y donde podrías estar en cualquier lugar del mundo en microsegundos, mencionando además la velocidad de cálculos y lecturas que podrías hacer sin la limitante de un cuerpo físico que se deteriora constantemente?
Según todo esto, nos espera un futuro brillante, en donde en algún momento venzamos incluso a la muerte, sin embargo, Stray nos muestra que una sombra también se cierne sobre él: la ingeniería genética podría reforzar ideas racistas en personas mejoradas frente a otras que nacieron bajo métodos ortodoxos, creando sociedades parecidas a las de Un Mundo Feliz de Aldous Huxley; las mejoras tecnológicas sobre nuestros cuerpos en una sociedad capitalista, solo aumentarían la brecha digital y tecnológica entre personas ricas y pobres, haciendo que estos últimos no tengan un ápice de oportunidad frente a los primeros; y finalmente, dejar nuestra corporalidad para cargar todo en una máquina, sería arriesgarnos a dejar todo lo que es la humanidad, dejando de percibir para siempre lo que una vez fue la realidad, sin tener plena certeza de que seremos los mismos al llegar a ese lugar.
Es por eso que el término transhumanismo es tan acertado para explicar Stray, porque dentro de su trama nos hemos extinguido, pero, a pesar de todo, nuestra esencia en otros seres permanece; en medio de todo, los robots de esta historia hacen parte de nuestra evolución, ya no como una especie biológica, sino como una artificial.
Este salto en nuestro destino es inevitable, aun así, con todo, debemos conocer los riesgos que provienen de estas posibilidades, y procurar que la transición no venga de la mano del sufrimiento y la extinción masiva de las especies en el planeta, sino que, por el contrario, nuestro futuro sí marque una evolución frente a los seres humanos que ahora habitan esta pequeña roca llamada Tierra.
Gracias por leer hasta aquí, espero te haya dejado muchas reflexiones esta nota. Si quieres compartir lo que piensas al respecto, puedes dejarlo aquí abajo en los comentarios o en Facebook, X (antes Twitter) e Instagram.
Calachoowie te dice, see you space cowboy…