Another Crab’s Treasure, una ferviente crítica a la sociedad y al capitalismo

Recientemente, el mejor reseñador de la página sacaba adelante su análisis y opinión de uno de los títulos sorpresa de este año, el cual surge de una curiosa combinación, meter a un pequeño cangrejito, con su mundo tierno tipo Bob Esponja, en escenarios con la dificultad de un soulslike. Hablo obviamente de Another Crab’s Treasure, un videojuego que logra ofrecernos una aventura exigente, pero con un trasfondo crítico como pocos, que es de lo que voy hablar en este especial de La Vida es un Videojuego.

De entrada, Another Crab’s Treasure no se anda con rodeos y pone a nuestro adorable Krill, un cangrejo ermitaño, en una situación de desalojo, donde supuestamente debe pagar los impuestos cobrados por una avariciosa duquesa, perdiendo su hogar y caparazón, obligándolo a salir de su apacible vida para intentar recuperar lo perdido. Esto de entrada refleja una situación que se vive frecuentemente con las deudas a bancos, en donde muchas familias han perdido casas y apartamentos por retrasos en los pagos, sabiendo que las propiedades, a través de los intereses, se han pagado dos o tres veces.

Para no ir tan lejos, es una situación que se puede poner en paralelo con el Conflicto Armado Colombiano, en donde los paramilitares, por medio de amenazas, desplazaron a cientos de miles de personas, las cuales terminaron abandonando sus hogares; estas tierras eran compradas por personas inescrupulosas a precio de huevo, omitiendo que detrás de ello, había una familia que dejó todo atrás por supervivir en una ciudad que desconocen y aún menos, los quiere.

Ya en este punto, Krill debe enfrentarse contra todo tipo de moluscos que procurarán asesinarlo apenas se acerque, aquí descubrirá que el mar se encuentra infectado por La Mugre, la cual hace que todos los seres pierdan la compostura y empiecen a atacar a sus congéneres. El paisaje en este punto ya empieza a dar visos de que estamos en un océano plagado de basura humana, de hecho, su naturaleza de ermitaño lo obliga a buscar caparazones para protegerse de los peligros del mar, usando toda clase de objetos, latas de gaseosa, pocillos, cucuruchos de helado y hasta el casco de un héroe legendario. Es más, la moneda del juego son microplásticos y flotando por ahí, en forma de confeti, lo podremos ver cerca de Krill, como si se tratara de lluvia inofensiva.

Caparasouls.

Curiosamente, la constante caída de basura desde la superficie generó un boom económico, que ahora es aprovechada por los habitantes del mar para comerciar y “mejorar” sus vidas (con las comillas más grandes que puedan poner). En consecuencia, terminaron replicando el modelo económico que tiene a la raza humana al borde del abismo, que permite que compañías, sin la menor empatía, despidan empleados para buscar a toda costa crecimiento (es con ustedes, Microsoft y Sony); que contamina mares y ríos para llenar sus arcas; un sistema económico que se ceba de la miseria, mientras solo unos pocos disfrutan de este auge comercial; uno que hace que la mayoría esté condenada a vivir a los pies de los más privilegiados. Los moluscos de este título implementaron el capitalismo.

Another Crab’s Treasure se convierte en una crítica constante de todas las consecuencias de este modelo económico, porque todas las situaciones que mencioné arriba se replican en el videojuego, la ciudad está literalmente construida sobre los suburbios, los cuales ya empiezan a plagarse de La Mugre y sus habitantes sobreviven con lo poco que les deja la parte superior de la capital, en donde vive la élite cangreja, la cual, obviamente, es mucho más suntuosa y lujosa.

También será posible apreciar cómo luce la compañía de extracción de plásticos de Roland, un isópodo, el cual personifica a la burguesía en su peor aspecto, pues tiene a sus empleados en condiciones deplorables y en constante riesgo de morir todo el tiempo. Este se encuentra acompañado frecuentemente de Inkerton, un calamar armado que representaría la violencia que usa el sistema para perpetuar su poder frente a la clase baja o deshacerse de amenazas; como cuando se eliminan ambientalistas y defensores de derechos humanos, quienes buscan proteger la cultura de sus asentamientos o recursos naturales contra la propagación del turismo, la minería, el petróleo o la ganadería.

De forma paralela, está Firth, otro personaje de clase media alta, que posee algunos medios y la preparación, pero, evidentemente no puede competir contra el gran empresariado. Este zopenco representa a esas personas que has escuchado decir que «el pobre es pobre porque quiere», o que no podemos criticar al burgués porque «no sabemos lo “difícil” que ha sido construir una empresa», y que, sin ser millonario, se pondrá siempre al lado de estos, porque «la riqueza la crean ellos» y no los trabajadores asalariados que producen para el patrón. Y, aunque hace parte del grupo de desdichados que se enfrentan a Roland en la búsqueda del tesoro, alcanzando un grado efímero de empatía hacia lo menos privilegiados, al adquirir poder, se convertirá en un completo cretino.

«Recurriendo a la violencia física para derribar a un honesto cangrejo empresario».

Y no se queda ahí, La Mugre, que vuelve locos a los moluscos, si bien es física y puede verse en mayor cantidad a medida que nos adentramos en la trama, siendo fácilmente relacionable a la misma contaminación que cae de la superficie, va mucho más allá cuando escuchamos el discurso nihilista de la Duquesa y hablamos con el pequeño crustáceo atrapado en la cueva del Valle Pecio: La Mugre viene de su interior, los carcome y hace que infecten a otros infelices; La Mugre no es solo la contaminación, sino la representación misma de la codicia que todos tenemos y que nos hace pasar por encima de quien sea para conseguir lo que creemos necesitar.

No solo eso, una corta charla con la querida Nemma, hace aterrizar al pequeño ermitaño que tenemos de héroe, nos recuerda que para llegar hasta ese punto hemos tenido que segar cientos de vidas y que es algo que no se debe olvidar. Situación que pasa frecuentemente en las guerras, en donde el enemigo deja de ser una persona, para convertirse en un obstáculo, en una baja; objetivizamos a seres humanos, convirtiéndolos en solo un número dentro la masacre perpetuada por los homicidas, los asesinos, los genocidas.

Repito una vez más, Another Crab’s Treasure es una de las sorpresas de este año, cuyo macrocontexto y trama tienen una fuerte crítica hacia lo que hemos construido como sociedad, una que hoy parece tambalearse, en donde niñas y niños mueren de hambre a diario, siendo la primera vez en la historia de la humanidad que producimos más comida de la que podemos consumir; una en la que científicos alertan sobre un desastre natural sin precedentes, mientras defensores de derechos humanos y ambientalistas son arrestados y asesinados porque representan una “amenaza para la economía” o “están en contra del progreso”, una en la que solo habrá cabida para unos pocos, mientras una masa gigantesca de cadáveres será el culto perfecto a la vanidad que representa este progreso, el cual, durante todo este tiempo, nos han prometido en vano.

Lo último que puedo decir es: exíjanle un cambio a sus dirigentes o cambien de dirigentes, pues las acciones individuales no nos salvarán de la debacle, oblíguenlos a mirar el ecocidio antes de que sea demasiado tarde para todas y todos. Si algo moví en sus cabezas, dejen sus comentarios aquí abajo o en nuestras redes.

Calachoowie te dice, eat the rich, digo, see you space cowboy…

2 thoughts on “Another Crab’s Treasure, una ferviente crítica a la sociedad y al capitalismo

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