Housemarque regresa cinco años después de sorprender tanto a la crítica como a la comunidad con Returnal, un título considerado entre lo mejor de la generación de PlayStation 5. Ahora, el estudio presenta su nueva propuesta: Saros.
Seguramente ya has escuchado que Saros es el sucesor espiritual de Returnal, pero en esta reseña no entraré en comparaciones ya que no he tenido oportunidad de jugar Returnal, lo cual también resulta interesante, porque me permite abordar este roguelite en tercera persona desde una perspectiva completamente fresca.
En La Vida es un Videojuego, tuvimos la oportunidad de jugar esta aventura durante más de 25 horas en su versión de PlayStation 5, y aquí te cuento todos los detalles que necesitas saber sobre Saros.

Más allá del eclipse
Saros es un shooter en tercera persona con una atmósfera profundamente marcada por la ciencia ficción, que evoca referentes como Aliens de James Cameron o Solaris de Stanisław Lem, más cercana a la visión cinematográfica de Andréi Tarkovski. Todo se desarrolla en el extraño planeta Carcosa, combinando de forma orgánica elementos de acción, roguelite y bullet hell.
En esta aventura tomas el control de Arjun Devraj, un ejecutor de la corporación Soltari —una entidad capitalista sin escrúpulos que inevitablemente recuerda a Weyland-Yutani del universo Alien—, quien lidera una misión para investigar una colonia perdida en Carcosa. Este planeta, es dominado por un eclipse solar perpetuo, alterando tanto el entorno como a las criaturas hostiles que lo habitan.
Arjun y la tripulación de la Echelon IV llegan en busca de respuestas sobre expediciones anteriores (Echelon I, II y III). Es aquí donde comienza tu travesía: rodeado de formas de vida agresivas, incertidumbre constante, una atmósfera opresiva, y una narrativa que se va revelando poco a poco, que te hace cuestionar en quién confiar, qué creer y, sobre todo, qué es real.
El aislamiento, la obsesión, los ciclos, la búsqueda personal y la incertidumbre son los pilares temáticos de Saros. Estos se desarrollan a través de su nutrido lore, reconstruido mediante registros de audio, textos y hologramas que permiten entender —pieza por pieza— lo ocurrido en este enigmático mundo.

Morir, aprender y repetir
Saros se construye sobre las bases clásicas del roguelite: cada intento es un nuevo comienzo. Cada vez que inicias una partida o fracasas, el Pasaje —una imponente estructura de origen alienígena, cuyo propósito sigue siendo un misterio— te devuelve a la vida. Este lugar funciona como centro de operaciones y refugio para Arjun y la tripulación de la Echelon IV mientras exploras el hostil planeta.
Desde ahí, puedes invertir Lucenita —mineral que es el recurso principal del juego— en un amplio árbol de habilidades, permitiéndote mejorar progresivamente tus capacidades pese a las inevitables derrotas. Esta progresión constante es clave para mantener el impulso y la motivación en cada intento, ya que las habilidades que desbloquees las conservarás para siempre.
Al regresar a la base, también tendrás la oportunidad de interactuar con distintos NPC, quienes aportan fragmentos de historia y contexto. La narrativa se presenta de forma dispersa, fragmentada y poco convencional, recordando en cierta medida a propuestas como Death Stranding, aunque Saros mantiene su propia identidad.

Cada recorrido te permite descubrir más sobre el mundo y sus misterios, ya sea avanzando en la historia o desbloqueando nuevas habilidades que facilitan futuras incursiones. En esencia, el bucle jugable es claro: avanzar del punto A al punto B mientras enfrentas oleadas de enemigos en combates intensos, dinámicos y demandantes. El juego te obliga a mantenerte en constante movimiento: esquivar, atacar y defenderte, todo con absoluta precisión para sobrevivir.
Al final de cada bioma te espera un jefe de gran escala que pondrá a prueba todo lo aprendido. Y aunque esta estructura podría parecer sencilla en papel, la realidad es muy distinta: Saros es un juego desafiante. La dificultad escala de forma considerable, al punto de que los primeros dos biomas pueden sentirse como un tutorial preparándote para lo que viene después.
Además, en varios biomas encontrarás artefactos de eclipse que tendrás que utilizar para avanzar y que modifican la experiencia incrementando la agresividad de los enemigos, pero también mejorando las recompensas, añadiendo una capa de riesgo-recompensa muy interesante.
En este tema te puedo decir que. aunque la repetición es parte central del diseño, a veces llega a ser cansado y tedioso, tener que recorrer todo un escenario para intentar vencer al jefe y continuar con el progreso.
Otro aspecto destacable es la duración de las partidas. Cada run ronda los 35 minutos (si logras sobrevivir), lo que lo hace ideal para sesiones controladas. Este diseño permite organizar mejor el tiempo de juego para atender cosas que la vida de adulto responsable exige, siendo algo que se agradece. Sin embargo, no todo es perfecto: en mi caso, tras vencer a un jefe y dejar la consola en reposo, al retomarlo una actualización reinició la partida, obligándome a repetir el enfrentamiento para cumplir un objetivo del juego, lo cual fue un momento bastante frustrante, pero que solo me pasó una vez.

Azar, estrategia y evolución
Al profundizar en el árbol de habilidades, no solo recolectarás Lucenita en cada bioma, sino también Alción, un mineral mucho más escaso y difícil de obtener. Ambos recursos cumplen la misma función: potenciar tu progreso y fortalecer a tu personaje.
Dentro de este sistema podrás mejorar atributos clave como Resiliencia, que incrementa tu resistencia al daño; Control, que optimiza la eficiencia y potencia de tus armas; y Ambición, enfocada en la movilidad y velocidad. A esto se suman mejoras para tu escudo, la eficacia del éter —material encargado de restaurar la integridad de tu armadura— e incluso beneficios que prolongan el tiempo de permanencia de la Lucenita en el entorno para facilitar su recolección.
Sin embargo, el árbol de habilidades presenta una limitante interesante: cada bioma tiene un tope de mejora que solo podrás desbloquear al derrotar a su respectivo jefe. Esta decisión de diseño refuerza la progresión y te obliga a dominar cada zona antes de avanzar.

Gracias a esto, cada nueva partida te vuelve progresivamente más fuerte, brindándote mejores herramientas para enfrentar los desafíos. Aun así, no todo depende de tu progreso, ya que durante los recorridos encontrarás monolitos que, al ser destruidos, otorgan recompensas aleatorias: armas principales o secundarias, éter, artefactos con habilidades temporales y diversos potenciadores. Aquí, la suerte juega un papel clave y puede inclinar la balanza entre la victoria o la derrota.
En cuanto a las habilidades temporales, existe un factor adicional a considerar: si activas el Eclipse en el nivel, cada habilidad adquirida tendrá un beneficio —Adrenalina— pero también un efecto negativo —Corrupción—. Esto añade una capa estratégica importante, obligándote a evaluar cuidadosamente cada decisión, ya que sus efectos solo estarán activos durante la partida.
Mi recomendación es experimentar con estas mecánicas en los primeros dos biomas, que como lo comenté, funcionan como una especie de tutorial extendido. Ahí tendrás mayor margen para probar combinaciones y entender su funcionamiento, ya que más adelante el juego eleva considerablemente su dificultad.
Para quienes buscan una experiencia más accesible —o simplemente desean enfocarse en la historia—, el juego introduce los Modificadores Carcosanos tras completar el segundo bioma. Estos permiten ajustar la experiencia: puedes optar por Protecciones para reducir el desafío o activar Desafíos si lo tuyo son las pruebas más exigentes.

Armas para dominar el caos
Este título ofrece un arsenal variado que encontrarás a lo largo de tu aventura: desde cañones de mano, fusiles, escopetas y ballestas, hasta armas energéticas con comportamientos únicos. Cada una se siente distinta en combate gracias a factores como su cadencia, alcance y área de impacto, por lo que dominarlas todas requerirá varias horas de práctica y experimentación.
Más allá de sus diferencias base, las armas cuentan con propiedades variables en cada partida, lo que añade frescura en los combates. En cuanto a su uso, el disparo principal se ejecuta con el gatillo R2, mientras que al combinar L2 (presión parcial) + R2 activas un ataque especial. Este sistema no solo aporta profundidad, sino que incentiva a explorar el potencial de cada arma en distintas situaciones.
Algunas armas también integran un sistema de autoapuntado que puede ser divisivo, pero que en lo personal me resultó bastante útil para mantener el ritmo frenético de los enfrentamientos.
Por otro lado, Arjun dispone de un cañón de energía en su brazo derecho, potenciado por el poder del Eclipse. Este recurso no solo amplía tus opciones ofensivas, sino que también presenta variantes que te permiten construir una “build” adaptada a tu estilo de juego, algo clave para enfrentar las oleadas de enemigos.
Y si el arsenal aún te parece insuficiente, el juego introduce Ímpetu, una habilidad especial que se desbloquea conforme avanzas. Este ataque canaliza una enorme cantidad de energía en un solo disparo devastador, ideal para salir de situaciones complicadas.
Pero no todo es ofensiva, ya que, en el apartado defensivo, Saros ofrece el Escudo Soltari, que se convierte en una herramienta fundamental, permitiéndote bloquear ataques y absorber energía enemiga para reutilizarla a tu favor, reforzando ese equilibrio entre ataque y defensa que define el combate del juego.

La intensidad de combate en Carcosa
La variedad de enemigos es uno de sus puntos más sólidos. Estos se dividen principalmente en tres tipos:
- orgánicos, que destacan por su agresividad;
- mecánicos, con patrones más metódicos y predecibles;
- cósmicos, cuya naturaleza impredecible los convierte en una amenaza constante.
Lo interesante es que rara vez los enfrentas por separado. El juego combina estos tipos en hordas que elevan la intensidad del combate, obligándote a reaccionar en todo momento. Aquí no hay espacio para la distracción: debes alternar entre atacar, esquivar y defenderte mientras buscas la mejor forma de salir ileso.
Parte de esta dinámica se construye a partir de los distintos tipos de proyectiles de los enemigos:
- Balas azules: el ataque más común. Pueden esquivarse o absorberse con el escudo para cargar energía.
- Balas amarillas: más peligrosas, ya que incrementan la corrupción en tu barra de vida. Puedes esquivarlas, saltarlas o incluso absorberlas, aunque esto último pone en riesgo tu escudo.
- Balas rojas: las más letales. No pueden esquivarse de forma convencional, pero más adelante podrás realizar un parry para devolver el ataque a tu favor.
Este sistema obliga a leer constantemente el campo de batalla, priorizar amenazas y tomar decisiones rápidas, lo que refuerza ese enfoque frenético que define al juego.
Y por supuesto, están los jefes. Al final de cada bioma te esperan enemigos colosales todos con un diseño visual destacable, que llevan estas mecánicas al límite. Cada enfrentamiento se desarrolla en múltiples fases y exige dominar todas tus habilidades, además de confiar en la suerte de que tu build esté a la altura del desafío.

Cuando lo impresionante se vuelve rutina
En cuanto al diseño de niveles, Saros ofrece cierta variedad, aunque se mantiene como una experiencia mayormente lineal. Si bien existen caminos alternos —claramente señalados en el mapa—, siempre hay un objetivo bien definido que guía tu avance.
Donde el juego realmente destaca es en su verticalidad. Los escenarios aprovechan muy bien el espacio, generando combates más dinámicos y rutas que invitan a moverte constantemente entre distintos planos, lo que aporta frescura a cada recorrido.
Visualmente, el juego es impresionante. A pesar de tratarse de un entorno desolador, los escenarios lucen detallados y llenos de vida. El rendimiento también es sobresaliente: incluso en los momentos más caóticos, con auténticas lluvias de proyectiles de múltiples colores invadiendo la pantalla, todo se mantiene fluido, ofreciendo una experiencia que pocos títulos logran replicar.
Sin embargo, no todo es perfecto. Las animaciones faciales de los personajes resultan algo rígidas —sin ser algo catastrófico, solo son…raras— y acartonadas, lo que, en conjunto con la actuación de voz en inglés, puede restarle impacto a la narrativa. En contraste, el doblaje al español está muy bien logrado y transmite mayor intención, por lo que definitivamente vale la pena darle una oportunidad a esta opción.
Por otro lado, aunque el juego propone variaciones en los biomas cada vez que reinicias, tras varias horas de juego esta sensación comienza a diluirse. Dado que el progreso exige repetir niveles, en ocasiones puede sentirse que recorres escenarios muy similares, lo que llega a generar cierta fatiga.

Inmersión total en tus manos
En cuanto al uso del DualSense, la experiencia es simplemente sobresaliente. El control responde con precisión a cada movimiento, ataque y defensa, manteniendo una fluidez constante incluso en los momentos más caóticos del combate.
El verdadero protagonista aquí es el uso de los gatillos adaptativos, que elevan la experiencia al ofrecer distintas sensaciones según el tipo de disparo o acción, logrando una inmersión pocas veces vista en un juego. Cada arma se siente única no solo por su mecánica, sino por cómo la percibes físicamente en tus manos.
A esto se suma una vibración háptica muy bien implementada, presente en los momentos adecuados y sin saturar, lo que refuerza la intensidad de cada enfrentamiento. Sinceramente, es difícil imaginar jugar Saros sin esta interacción; considero que es una de las mejores implementaciones del DualSense hasta ahora.

Una banda sonora discreta, un sonido brutal
La banda sonora, compuesta por Sam Slater, apuesta por un enfoque principalmente atmosférico. Más que buscar protagonismo, su función es envolverte en la atmosfera y reforzar la sensación de aislamiento dentro de Carcosa.
En momentos muy puntuales, la música eleva su presencia y deja entrever matices que recuerdan al trabajo de Hans Zimmer en Dune, aunque sin llegar a construir temas memorables que perduren fuera del juego. Cumple su propósito, pero no es precisamente lo que te llevarás contigo al terminar la aventura.
Donde Saros realmente brilla es en su diseño de sonido. Cada enfrentamiento no solo se juega, se siente: en el control, en los oídos y hasta en el cuerpo. Los efectos están cuidadosamente trabajados para intensificar cada combate, haciendo que la experiencia sea mucho más inmersiva.
Si tienes la oportunidad de jugar con audífonos, hazlo. Es ahí donde el juego alcanza uno de sus puntos más altos en términos de inmersión.

Una experiencia que no debes dejar pasar
Saros se posiciona, sin duda, como uno de los títulos más importantes del año y una experiencia que no deberías dejar pasar. Si eres fan del género, probablemente estés frente a uno de los juegos más destacados que disfrutarás en 2026; y si no lo eres, este es un gran exponente para darle una oportunidad.
Su variedad de armas, sistemas de combate, atmósfera y estructura rejugable construyen una experiencia sólida que te invita a experimentar con distintas builds y a descubrir todo su contenido. Además, el juego recompensa la exploración constante, permitiéndote acceder a zonas previamente bloqueadas, profundizar en su lore y desentrañar los secretos tanto de Arjun como de Soltari, incluyendo sus distintos finales.
Por todo lo anterior, el buen Pixo le da un 9, recomendándote ampliamente que vivas esta aventura, ya que estamos ante una de las propuestas más fuertes en lo que va del año.

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Joselo Calderón te dice, Somos accidentes, esperando a suceder.
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