Especiales Vida Gamer

Dark Souls y su narrativa musical

Dark Souls, un juego que nació en 2011 y dio vida a un nuevo género en el mundo de los videojuegos. Un juego que desde hace ya diez años nos sigue sorprendiendo y nos sigue presentando uno de los mejores retos en toda la historia de los videojuegos. Un juego tan complejo y a la vez tan sencillo que logra recorrer una tierra inhabitada, destruida y desolada, a través de los más bellos paisajes y los más tortuosos Jefes. Dark Souls, un juego que ha marcado la vida de muchos, un juego que es y será por siempre, un hito en la historia.

El inicio de esta gran historia

El profundo silencio de Lordran

Si alguna vez recorriste los vacíos pasillos de Anor Londo, o exploraste las mazmorras más oscuras de la Tumba de los Gigantes probablemente te diste cuenta de que este mundo no tiene música, todo está sumido en total silencio.  Y como cada cosa en Dark Souls, esto tiene una razón de ser.

Antaño, las calles de Nuevo Londo tuvieron vida, mujeres, niños y mercaderes recorrieron sus calles sin parar, las risas inundaban el ambiente, y el fuego siempre ardía con fuerza. En un tiempo pasado, cuando los dioses fundaron Lordran, cuando los dragones cayeron, Anor Londo vibró con fuerza.

Sin embargo, ahora no queda nada, solo las cenizas de un pasado fragmentado, el eterno silencio de un pasado lejano. Uno que no es más que el frecuente recordatorio de que la muerte nos espera, de que nosotros solo somos un viajero más en esta historia que ha de ser escrita una y otra vez.

La presencia de la música

Pero no todo es silencio, cada vez que regresamos al Santuario de Enlace de Fuego escucharemos la misma delicada y suave armonía que nos recuerda que pese a que estamos en un mundo hostil, siempre tendremos un lugar a donde volver. Un refugio que nos salvará por un momento, por un pequeño fragmento de tiempo, del inevitable arribar de la fría muerte. Una melodía que se repite una y otra vez sin cesar, que nos envuelve, que nos cobija y que nos aísla por un tiempo del mundo cruel.

La tranquila melodía del Santuario de Enlace de Fuego

Y así, como todos los ciclos de la Edad de Fuego, nuestros momentos llegan a su fin. Hemos de abandonar el Santuario y continuar con nuestra aventura. No obstante, no podemos olvidar nuestro destino.

Así, emprendemos nuestro camino, siempre hacia adelante, cruzando las bibliotecas de los Archivos del Duque, esquivando las trampas de la Fortaleza de Sen, y atravesando los profundos bosques de la Cuenca Tenebrosa.

Y al final de cada paraje nos encontraremos los protectores, señores, y guardianes de estas zonas. Al final de cada pequeña aventura nos encontraremos con un respectivo jefe. Un enemigo que nos hará recordar lo pequeños e insignificantes que somos. Un jefe que estará acompañado por los coros de las almas desdichadas que ha tomado a lo largo de su vida. Un enemigo tan difícil que estará acompañado por las orquestas de los cielos y los infiernos por igual.

La música como un enemigo más

Y aquí nos damos cuenta, la música vuelve a estar presente una vez más en el mundo, pero no para acompañarnos. La música no está aquí para abrazarnos y acobijarnos. La música está aquí para recordarnos lo diminutos que somos, para recordarnos la grandeza de cada uno de los más viejos habitantes de Lordran. La música está aquí para amedrentarnos y saturarnos.

Aún recuerdo la primera vez que me enfrente con Ornstein y Smough, la legendaria pareja de protectores de Gwynevere. Tras cruzar el muro de niebla fui sorprendido por una música orquestal gigante que llegó a mis oídos como una estampida sin rumbo. Y por fin, después de muchas batallas comprendí, fueron las trompetas triunfantes y los timbales profundos que me recordaron quiénes eran mis enemigos.

Yo solo era uno más de muchos, una victima más a punto de perder la vida a manos de uno de los Cuatro Caballeros de Gwyn, y a punto de sellar mi muerte a manos del más temido verdugo de Lordran.

La música de una batalla digna de un dios (Motoi Sakuraba – Ornstein & Smough)

La música me contó la historia triunfal de Ornstein, sus muchas victorias, su grandeza. Del mismo modo, me recordó que Smough no guarda misericordia, me recordó del oscuro pasado del verdugo, de su sueño de querer ser uno de los Cuatro Caballeros, de su fuerza, y cómo no, de su ambición.


Los ciclos expresados con la música

Una, y otra vez, hasta el final de los tiempos.

Aún pese a haber muerto 67 veces antes de poder derrotarlos, de haber sentido una frustración inimaginable, de haber querido desinstalar muchas veces, continué con mi camino. Atravesé las vacías calles, visité las antiguas pinturas, y emprendí mi camino hacia mi destino final. Y la música, siguió acompañándome.

El silencio profundo, el eterno letargo, ese vació no dejó de acompañarme, el recuerdo de qué ocurriría conmigo si me rendía. Si me dejaba llevar. Si abandonaba la esperanza me convertiría en Hueco, y no hay nada peor que enfrentar ese destino.

Debo decir que la música de Dark Souls es para mi impecable, Motoi Sakuraba encontró la manera perfecta de darle sonido a la obra de Miyazaki. Encontró una manera para contar la historia de amistad entre Sif y Artorias, encontró una manera de crear la discusión más impecable entre el jugador y Gwyn, encontró la forma ideal para contar una historia sin palabras.

No, me equivoco, encontró la forma ideal para contar la historia de cada jugador, la historia delante de cada pantalla, la manera perfecta de retratar a cada uno de los caballeros que quisieron cambiar la historia, que quisieron hacer parte de ella. Encontró una manera de acoger a viajeros perdidos, a almas huecas, a miles de personas en el mundo, a toda una comunidad, y tenerlos bajo su manto.

Encontró el modo perfecto de contar una historia, una que se repitió millones de veces, y que cada vez, tuvo un final distinto.

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@Itssquirrel – ¿Cuál es la música de la vida? Silencio, hermano.

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